Al admitir que República Dominicana no es inmune a los efectos de la crisis económica global, el presidente Leonel Fernández ha advertido que la unidad de todos los sectores nacionales se erige como única vía para poder afrontar con éxito tiempos tan difíciles.
Es ese un planteamiento imposible de refutar, igual que lo señalado por el mandatario sobre la necesidad de que aquí se preserven la paz, el sosiego y la tranquilidad como forma de garantizar la estabilidad en los principales indicadores económicos.
Falta por decir, sin embargo, que corresponde al Gobierno asumir y exhibir con sinceridad y notoriedad, el criterio de unidad nacional, que según el Presidente debe adoptarse como principio patriótico para regir la convivencia social al paso de tan terrible tormenta económica.
Se acogen como buenas y válidas las exhortaciones presidenciales para que se genere un clima de unidad y sosiego y para que se afronte la crisis con inteligencia, aunque se insiste en señalar que el litoral oficial debe ser el principal destino de tales requerimientos, en razón de que un escenario de consenso no sería posible con la acendrada vocación a la unilateralidad y sectarismo que exhiben no pocos funcionarios.
Se resaltan los esfuerzos del Presidente para dar seguimiento a lo acordado en la mentada Cumbre de las Fuerzas Vivas y en intentar entablar un tipo de diálogo directo con las comunidades, pero es preciso señalar que una gruesa telaraña de indiferencia, desconfianza o insensibilidad impiden aun el accionar de vitales áreas gubernamentales.
Todo lo antes expuesto quedó evidenciado en el primer encuentro popular sostenido por el mandatario con dirigentes comunitarios de San Pedro de Macorís, donde la mayoría de las penurias expuestas, como escasez de agua, galopante desempleo, falta de asfaltado en calles y carreteras, obedecen básicamente a desidia o negligencia oficial.
Duele decirlo, pero los esfuerzos del Presidente para que el abanico social hale la cuerda en la misma dirección, sería como arar en el desierto, a menos que todos sus colaboradores, sin excepción, se decidan por inclinar la cerviz o de servir propios intereses con cuchara grande.
Aun con las reparaciones señaladas, la sociedad toda debería acoger el oportuno pedido del presidente Fernández de que se registre un ambiente de unidad nacional como condición para poder salir airoso ante los efectos de la peor crisis económica mundial en más de ochenta años.

