Opinión

El espejo de la UASD

El espejo de la UASD

Una de las tantas cosas que el país debe superar es la obstinación de los partidos políticos de llevar sus luchas y ambiciones a escenarios con características distintas a las de la actividad partidaria.

 Lo más lamentable es que con esa distorsión sólo se procura el hedonista propósito de ganar y construir una percepción de superioridad cuantitativa respecto a los adversarios. No se hace acompañar la decisión de planes y estrategias que se inserten en el proyecto de nación que debe suponerse constituye cada organización política.

 De esa forma, los partidos persiguen dominar gremios y agrupaciones profesionales, instaurando en los mismos el germen del sectarismo y la división, lo cual repercute negativamente y castra las posibilidades de que estas entidades conquisten los objetivos para los cuales han sido conformadas.

 El más reciente ejemplo de esto se produjo a propósito de las elecciones de la Federación de Estudiantes Dominicanos, esa legendaria agrupación de estudiantes de la UASD que ha acogido en su  seno a luminarias de la talla de Amín Abel Hasbún y Asdrúbal Domínguez, por sólo citar dos ejemplos que vienen a demostrar cuánto hemos degenerado.

Ese evento estaba signado por el ingrediente de la coincidencia con el certamen electoral del próximo año, el cual determina que a partir de este momento, todo lo que ocurra en el país debe valorarse vinculándolo con los grandes intereses que se mueven en torno a ese proceso mayor.

La guerra electoral ha comenzado y sabemos las particulares reglas que entre nosotros la norman. Como siempre, los contendientes no escatimarán esfuerzos por desarrollar esa carrera vulgar en la cual hacen todo lo que consideran puede adicionar voluntades, sin reparar en que son esas obscenidades las que determinan su descalificación para hacer avanzar la democracia dominicana y por eso están desacreditados ante un pueblo que sólo por razones muy específicas no reacciona dándoles el castigo electoral merecido.

En ese contexto, las elecciones de la FED representaban un menú suculento que no podía ser desaprovechado por comensales ávidos de saciar su hambre y sed de poder, satisfacción que sólo es capaz de suplir sus propias miserias.

De esa forma, los dos contendientes principales se lanzaron a la conquista del terreno. Al parecer, resultaba evidente que había un aspirante que tenía mayores posibilidades para ganar la contienda y en una muestra de lo igualado que ambos han devenido, se dice que los dos procuraron presentarlo como candidato.

El Nacional

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