Quienes aman la acción en el cine, aun cuando sea francés, tienden a sentirse atrapados en la rica lentitud detallada de El Inspector Bellamy, película en la cual no destacan los tiroteos, las peleas ni las persecuciones vehiculares. Quienes han visto en el Festival de Cine Francés que se proyecta en Fine Art´s, El Cuarte de los Muerto y El Rapto, con todo seguridad que se habrán desesperación por la ritmica, señorial y exquisita manera del director Claude Chabrol (Landru, Une Affaire de Femmes y Madame Bovary) para ir exponiendo los elementos de esta producción, destinada a cineastas deseosos de disfrutar de la calidad independientemente de la sangre y las balaceras. Llaman la atención los paneos con que va ubicando al espectador con movimientos de cámara que apuntan a recordar a los grandes directores franceses de otros tiempos, el finísimo sentido del humor que imprime a sus personales, la ternura que deja ver en la relación de pareja del inspector Paul Bellamy, un legendario investigador policial, ahora retirado que se hizo famoso por sus métodos inusuales y tranquilos de inquirir sobre delincuentes y delitos. En la película, sus memorias son un libro de culto para los amantes del género policial. La película es Depardeaux y Depardeaux es la película, con el respaldo de un elenco secundario que le sustenta gracia y talento. El afamado actor francés, equiparado más de una vez a Marlon Brando, hasta a adquirido una respetable obesidad que nos hace recordar al protagonista de Un Tranvía llamado Deseo.

