José llegaba a la casa endiablado, por motivos que su esposa Karina nunca pudo descubrir. Lo que si sabía, era que a su entrada por la puerta, veía en primera instancia la llama en sus ojos.
Es como si no quisiera llegar, pero sin embargo entraba cada día a diferentes horas, como el que vigila o quiere a toda costa encontrar un mal motivo.
Un dia llegó tarde y Karina, con la cena lista en la mesa, se tiró en la cama y se durmió, lo que bastó para que José, a su llegada le dijera mil cosas en reproche por querer esperarlo despierta.
Otro día llegó temprano y ella no estaba lista para recibirlo, porque como no sabia de su adelanto, estaba lavando su ropa todavía y planeaba bañarse cuando terminara para perfumarse para él.
Ese día su llegada fue la peor, porque cuando la vió reaccionó ofendido porque le molestaba el olor a sudor con que lo había esperado, sabiendo que él llegaria del trabajo con deseos de estar con ella.
Ese día la golpeó brutalmente, persiguiéndolo por los escalones traseros del edificio, a punto de dejarla caer y peligrar su vida.
Los ataques siguieron por cualquier motivo estúpido, porque un día cualquiera se quejó de que ella hablaba por teléfono de manera misteriosa, o de que olía demasiado y sabía que eso no era de su gusto.
Su relación permanecía porque la furia del dia, en las noches se convertía en lagrimas y José lloraba y le pedía excusas, mientras ella se dejaba convencer y se llenaba de esperanzas.
Un día José la golpeó tanto que la dejó inconsciente y le prometió luego que buscaria ayuda para no maltratarla más. Pero ella, ya no le podía creer y alistó sus maletas, salió de aquella casa y días más tarde, se fue del país para no ver ni la sombra del hombre que tanto la habia denigrado y el que sabía que nunca iba a cambiar.
Jamás volvió a saber de él ni se interesó, alguien le dijo que intentaba llamarla, pero no hizo caso y siguió su vida, pudo escapar y hacer vida nueva porque tenía recursos, ayuda y decisión para hacerlo.
Mi tocaya Miguelina solo tenia una cicatriz en su brazo derecho que le servia de una prueba que nadie escuchó y el recurso de una justicia que nunca la socorrió como debía.
La esperanza ahora es poder echar el tiempo atrás. Pero lamentablemente no es posible.

