Ver, lo que no quieres ver
Las verdades a veces están frente a nuestros ojos, así como las tenía Maura, pero, al igual que ella, por lo difícil que es afrontarlas, no las vemos. Y es que se te va la vida cuando ves cosas que no quieres ver o pasan circunstancias en tu vida que no hubieras querido que pasaran nunca. Maura, por ejemplo, una noche sentada en su sala, sola, mientras veía la televisión, me llamó por teléfono y conversando largo rato, me dijo que se iba a divorciar. Quedé sorprendida por esta confesión, porque ella y su esposo, aparentemente no tenían grandes problemas, pero si, entonces fue cuando me contó, que esa noche se habia dado cuenta de que ellos, no estaban juntos. Rafael, quien inició su relación amándola y admirándola como mujer y profesional, ahora, en ocasiones, la miraba despectivo y hacia críticas a su trabajo, llegando a decirle que tenía que dejarlo, porque solo era un fastidio en sus vidas. Llegaba tarde a la casa y, contrario a antes que saboreaba la cena que le preparaba ella con cariño, la tiraba en el zafacón sin mirarla, diciéndole que estaba salada o no era de su gusto. Le desagradaba su perfume, el mismo que usaba desde hace tantos años y cuyo aroma ella había elegido, porque a él le agradaba. Antes, los fines de semana, pasaban los dias acostados, viendo algo en televisión y conversando mucho, sobre sus vidas. Ahora, pensaba ella con una risa irónica, cuando estaban en casa, un gran silencio les acompañaba. Solo se escuchaban sus pasos, sus suspiros y de repente, la puerta que se cerraba ante la salida de él. Ella había luchado contra muchas de sus aventuras en la calle, sustentando la frase de que iba a luchar por su matrimonio y ahora, esto le daba una dolorosa risa. Y es que al verse sola aquel domingo que me llamó, frente al televisor por horas enteras encerrada en aquella casa, entendió que estaba sola y no lo sabía. Luchó por algo que ya no valía la pena. Al día siguiente, lo dejó. Formalizó su soledad y estaba en paz.
