¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

No podía creer que lo que veía por la rendija de aquella puerta.

Era una imagen dulce y apasionada, pero para sorprenderse había que escudriñar en los tristes antecedentes.

Junior y Gabriela estaban besándose acostados sobre la cama, mientras su vecina Yovanna, por accidente los miraba discretamente por un hoyito de la puerta.

Yovanna era la mejor testigo de lo que pasaba con aquella pareja, porque vivía a su lado, cerquita de ellos, y era además quien había recogido por más de 10 ocasiones a Gabriela, inconsciente y con la cara llena de sangre, tirada en el piso de su pequeña casa.

La vida de ellos era difícil de contar, era una historia llena de violencias, mentiras, odios, frustraciones, y eso era lo que hacía increíble que estuvieran uno en brazos del otro.

Junior venía de un hogar disfuncional, varias parejas habían pasado por su vida y a todas las había maltratado, y así mismo, todas se habían ido huyendo a sus locuras.

Yovanna me cuenta, cómo Junior, al igual seguro que muchos hombres violentos, era capaz de pasar de un rostro duro y endiablado, a uno dulce, lloroso y arrepentido. Era el mejor llorón, el que más lágrimas derramaba y el que más pena despertaba.

A Gabriela, por ejemplo, le lloraba cada vez que la maltrataba, decía que reconocía necesitar ayuda y que lo perdonara una vez más y ella accedía.

Pero un día los golpes fueron muchos y graves, tanto, que Gabriela fue internada por varios días. Regresó a su casa convencida de no recibirlo más. Los vecinos la mantenían mientras se recuperaba, hasta volvío a estudiar, y una noche él la atrapó llegando a su casa y después de los peores insultos, le dio dos golpes en la cara y la arrastró por el piso.

Por eso era increíble que dos meses después

se viera por aquel hoyo  de su puerta, la escena que Yovanna no podía creer.

Aquella buena vecina dio la espalda y se fue con la seguridad de no meterse más. Contó a los demás cercanos lo que habia visto y muchos bajaron la cabeza en señal de tristeza. Parecían seguros de que la próxima vez la recogerían talvez muerta.

La lucha para ellos era clara, ahora había que dejar de quererla y cuidarla, porque no ganaban nada con ofrecer esto sentimientos, a alguien que no era capaz de quererse a si misma. Buena suerte Baby.

El Nacional

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