La muda espera
Angélica y Alberto andan cada uno por su lado, llenos de rencores que disimulan cuando se ven, pero también guardando sentimientos de amor, que no se atreven a decirse y que talvez no se dirán nunca.
Y es que eso ya es común en ellos, ninguno de los dos dice nada, uno porque no acostumbra a dejar salir sus sentimientos y el otro, porque aunque si es comunicativo, decidió dejar de hablar porque, su pareja no habla y no quiere manifestarse solo.
Así, con esa decisión, ambos quedaron mudos y es que fueron dejando pasar el tiempo diciéndose poco, cada vez tan poco, que un buen día solo se decían monosílabos y otro buen dia, se dedicaron a tropezar por los pasillos de su casa sin decirse absolutamente nada.
Angélica miraba a Alberto en espera de que éste reaccionara y decidiera retomar la relación que tenían antes, llena de momentos agradables y de espacios en los que se consultaban todo lo que tenían en agenda para el dia siguiente.
Alberto, duró unos meses cada noche en su casa, en espera de que Angélica, se decidiera a abrazarlo como antes sentada en sus piernas y le dijera que lo amaba como el primer día.
Para él, esas eran las palabras mágicas que lo harian olvidar todo y entregarse de nuevo a ella y el hogar que casi estaban perdiendo.
El tiempo había pasado y su relación, por pequeñas confusiones, estaba sumida en un letargo del que no sabían salir. Ella esperaba por él, mientras que él, no hacia nada diferente: esperaba por ella. Ambos sólo esperaban que el otro hiciera lo que tenian en mente. Los dos pretendían que el compañero adivinara lo que deseaban para poder seguir. Y en esa espera duraron años, hasta que dejaron morir la relación, esperando, esperando y esperando.
Ya no están juntos, se perdieron mutuamente, por la fastidiosa espera. y lo que pudo ser no fue. Alberto quizás nunca sabrá que Angélica muere por sentarse sus piernas, tal y como el desea y ella, no conocerá la ansiedad de él, por hablarle y arreglarlo todo. Asi es el mundo.
