Miguelina Terrero
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Cerrar los ojos…
Cuando unas de estas noches humedecieron mis ojos viendo llorar a la hija de uno de mis compañeros de trabajo, muerto repentinamente, entendí la actitud de Eugenia.
Eugenia siempre contaba, cómo cuando disfrutaba de buenos momentos acostumbraba a cerrar los ojos aunque fuera un segundo para sentir más a plenitud ese rato positivo que pasaba en su vida.
Ella me contaba siempre que comer una buena comida, respirar en las montañas, besar con pasión una pareja o simplemente pegar los labios a una rica taza de café en las mañanas, era más intenso, si se cerraban los ojos por un instante para sentir, solo eso que se vive en el momento, sin dejarse interrumpir por ruidos o gente que pasa.
Por eso cuando lloraba la hija de mi compañero fallecido Eduardo, pensaba que mientras se disfruta junto a alguien querido, talvez sería efectivo también cerrar por un instante los ojos y lograr así, que ese momento perdure por más tiempo.
La joven lloraba inconsolable mientras contaba que su padre la amaba mucho porque al llegar a la casa preguntaba primero por ella.
Su desesperación aumentaba cuando nos contaba que llegaba a su casa hambrienta de la universidad, pero no podia comer hasta que el no llegaba, porque acostumbraban a comer juntos.
“Yo no se cómo voy a hacer sin el, por quién voy a preguntar, con quien voy a comer, me va a hacer mucha falta” decía arrinconada en la funeraria mientras se esperaba el cadáver de su padre y era rodeada por sus compañeros de trabajo.
Lloraba y sus palabras dejaban el convencimiento de que su padre la habia motivado a estudiar y ella había valorado eso, decía sentirse segura de terminar su carrera, porque nunca olvidaría que su padre, cuando ella no tenía internet, le buscaba las tareas en las oficinas en las que trabajaba para que no se atrasara. Contaba y lloraba… contaba y lloraba, mientras su dolor se contagiaba a los que la acompañábamos. No se cómo voy a vivir- decía- no se cómo- repetía. y sus palabras transmitía el inmenso dolor que la llenaba en el momento.
Ahora, le quedaba recordar, cerrar los ojos un instante y seguir.

