No, no se cae el techo
Cristina dice que no es fácil ser madre soltera. Pero Aleyda le discute que esta condición, es más difícil aún, cuando lo has sido siempre, porque te embarazaste de un hombre que nunca estuvo conviviendo contigo y tampoco te respondió.
Y es que Cristina estuvo casada tres años con el padre de su pequeño David, pero luego de esto, la relación se agotó a destiempo y se separaron. Mientras que Aleyda, tuvo su primer hijo muy joven, luego de que saliera embarazada de su novio, en una noche de locura y sexo.
Las dos vivieron bajo la misma circunstancia, aunque generada de diferente manera en sus vidas, pero las dos cuentan cosas, que de seguro son las mismas que puedes contar tu, si estás en esta misma situación.
Ellas se vieron solas un día, acostadas en su cama, con su bebé al lado, y mientras sus pequeños dormían, ellas daban vueltas a sus cabezas, visualizando qué les deparaba el destino.
Las dos, al igual que cualquier madre soltera, saben que ser madre es un gran compromiso, en el que son las arquitectas del futuro de sus hijos, mientras ellos son como edificios, en los que sus madres deben poner día a día los bloks y las varillas suficientes para que sean resistentes a “fuego” y “lluvias”.
Por eso, cualquier día, acostadas en su cama, miran el techo y creen que se les cae encima y no tienen con que reconstruirlo.
Se ven en pesadillas, con la casa destechada y llena de agua por las lluvias, con los platos secos por la falta de alimento y con sus hijos descalzos, porque piensan, que un buen día no tendrán cómo pagarle un par de zapatos.
Para ambas, y de seguro para ti si lo has vivido, la inseguridad de los primeros días era insoportable, pero poco a poco estas dudas, surgen menos, cuando ves que pasa el tiempo y tus hijos están calzados, el techo sigue firme en su lugar, tienes la capacidad de conseguir la comida de tu casa y si te sabes imponer y defender, nadie abusará de ti porque estés sola.
Cristina y Aleyda son dos mujeres luchadoras conscientes de lo delicado de su rol de madres, pensantes cada día y a cada paso, protectoras de sus pequeños. A veces con un poco de angustia generada por la búsqueda constante de seguridad futura, pero no por eso arrepentidas de estar solas, porque saben, que a menos que no aparezca una buena compañía, la soledad es su mejor aliada.

