Es asunto de tiempo-
Amanda ha sacado sus propias teorías sobre los hijos y la formación en el hogar. Dice que, aunque las madres siempre decimos que formarlos se hace difícil porque “se nos cansa la lengua” de tanto hablar, finalmente esa es nuestra función y ellos asimilan la lección.
Lo que pasa, cuenta siempre entre risas, es que queremos respuestas inmediatas y para ver los resultados hay que tener muuucha paciencia, creer en ellos y tener fe.
La sabia de Amanda, cuenta una experiencia maravillosa. Dice que su hija de 18 años se sienta en la sala de su casa, con las piernas subidas en la pequeña mesa del centro, y medio abiertas, como al descuido. Mi amiga, haciendo uso de la paciencia, esperaba el día en que tuviera menos mal humor para corregirla sin discutir, pero de repente algo la detuvo.
Fue una tarde en que recibió sus hermanas en la casa y mientras tomaban un café en la sala, ella misma se quitó los zapatos y subió sus piernas en la mesita, un poco al descuido, así como su hija. En principio se sintió tan cómoda, que no analizó su postura.
Pero, en un instante en que reía de uno de los chistes de sus hermanas, se miró a si misma y descubrió que no era la primera vez que se sentía tan cómoda, o lo que es lo mismo, no era esta su primera sentada al descuido. Entonces la respuesta estaba clara: su hija había copiado de ella aquella mala postura que tanta rabia le daba, y por la que quería reprenderla. Por aquello de tener calidad moral, se dio un tiempo antes de hablarle.
Y este tiempo le sirvió para revisar sus conductas y entender que era el modelo de sus hijos y no podía culparlos si ella fumaba, y ellos intentaban hacer lo mismo, o si era promiscua y descubría que ellos no eran fieles. Su mejor experiencia, la vivió una tarde en que escuchó a su hija hablar por teléfono y mientras unas amigas la invitaban a salir esa noche a las 12 de la madrugada, ella les respondía que no.
Las explicaciones que dio, la dejaron muda de la emoción: “no es que mi mamá sea jodona, es que me cuida y no quiere que corra peligro”.
Sin duda, su lucha de varios años en los que explicaba a su hija los peligros de la calle, no había sido en vano. En principio ella se ponía molesta, con sus consejos, pero ahora, sabía explicar tranquilamente y defender su derecho a disfrutar de diversiones mas seguras. Es asunto de tiempo.

