¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Sin maltratos incluídos-
Ana tardó mucho, talvez demasiado, para entender que el amor no llegaba a la vida de las mujeres con maltratos incluidos.
Ella se casó muy joven, embarazada y amando mucho, tanto ella como su pareja Alejandro, parecían ser el ejemplo de quien se amaría para siempre.

Pero con el tiempo, él se dedicó a la bebida, la calle, las mujeres, las mentiras y la violencia, haciendo de Ana, una víctima de todos esos vicios.

La conocí más, un día en que llegué a su casa y la encontré en el piso, llorando y con la boca llena de sangre.

Luego me contó que Alejandro salió el lunes de su casa, regresó el martes en la mañana diciéndole que había estado preso y que no entraría a la casa, porque todavía tenía cosas que resolver.

Le dijo esto desde una de las ventanas de su casa, así como si fuera un vecino, no su esposo, y en menos de 10 minutos desapareció, para regresar en la noche de ese mismo día, y ante las peleas de ella, la golpeó brutalmente hasta dejarla en el piso, mientras su pequeño hijo de 7 meses, gateaba junto a ella y lloraba desesperado.

Ana dijo ese día, que no quería verle más la cara, pero él regresó y de rodillas le pidió perdón. Entre abrazos volvieron a retomar su relación.

Un mes después, Alejandro retomó sus andanzas y noche tras noche llegaba tarde, malhumorado y violento, la había golpeado ya varias veces y en la última ocasión, le pidió que se fuera de la casa, porque ya no la quería.

Ana dijo el famoso “ya veremos quién se va” y puso seguros y candados a las puertas cuando él se fue al trabajo, para no dejarlo entrar.

Todo el sector la apoyó por conocer los abusos de su esposo y todos pensaron que esa relación de había terminado, hasta un día, que una de las hermanas de Ana la fue a visitar y al tocar las puertas de su habitación, sintió que ella no estaba sola.

Alejandro estaba con ella y se habían reconciliado.
Los últimos golpes de Alejandro, los recibió Ana en la calle, un día que regresaba del liceo en el que terminaba el bachillerato y un amigo la acompañaba.

Lleno de celos, la golpeó hasta dejarla inconsciente. Ana entonces, regresó a su casa, tomó su hijo en brazos y se fue. Sin rumbo fijo, sin saber a dónde, pero se fue. Tarde, pero entendió.

El Nacional

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