No era de mi interés, pero tampoco podía hacerme la indiferente a una de las más interesantes conversaciones que había escuchado en los últimos días.
La madre y el hijo estaban sentados detrás de mi, en un lugar público y mientras veía mis hijos jugar en el espacio cercano, estiré mis piernas para seguir escuchando.
Mami no sé que es eso de poner de su parte decía el pequeño, imagino que de algunos 7 años a su mamá.
Me puse de lado discretamente, para poder ver y disfrutar lo que estaba pasando en la singular pareja de madre e hijo, y vi como la madre, tomaba la cara del pequeño hermoso en sus manos y le decía:
es, que hagas lo posible para lograr algo, que te fajes, que trabajes para ser mejor.
El niño, visiblemente preocupado, parecía querer entender lo que su madre, talvez en un lenguaje un poco complicado para él, le decía. Sin duda el chiquito estaba en problemas y quería buscar la formula para resolverlos.
¿Y que es eso de que si sigo como voy me puedo quemar? Es que no voy a pasar de curso dijo, y esta pregunta pareció aclararnos el panorama a mi y a su mamá.
Supe entonces lo que era sentir dolor ajeno, porque sin duda la frase del pequeño, delataba que estaba sumido en lo que para él era uno de los grandes problemas de su vida.
La madre calló por unos segundos, mientras imaginé que buscaba en su mente las palabras adecuadas para aligerar el conflicto de su hijo.
Sin duda concluí- los profesores del niño habían desatado el asunto, usando con él frases que calaron tanto hasta hacerlo sentir que se estaba hundiendo.
La madre lo miró de nuevo y sonrió con el dolor que solo te dan los hijos pequeños, cuando quisieras alejarlos del mundo para que no sufran.
Le explicó de manera dulce y adecuada que si eso se lo habían dicho sus profesores, lo que en realidad querían decir, era que debía estudiar más, pero no necesariamente era la sentencia de que no podía pasar el año escolar.
El pequeño preguntó a su madre si había visto sus notas en la reunión del colegio, ella le dijo que si y que estaban regular.
El, entonces le dijo que es regular, dime que números, si es 20, 30, 40 o qué.
Sin querer ocultarle el mundo, la verdad es que no tuvo valor para decirle que sus notas estaban bajas, aunque no llegaban la desastre. No quiso preocuparlo más, porque ya el dolor y la preocupación del pequeño eran suficientes.
Lo miró con tanto amor, pero con tanto amor que de seguro, las plantas, el piso, las banquetas del parque y todas las personas, temblaron con aquella hermosa mirada.
Le prometido que juntos lograrían superar la situación.
El pequeño sonrió y se fue a jugar, mientras ella cerró los ojos y quedó pensando pensando.

