¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Los nuevos “amores”
Me senté detrás de aquel señor desconocido y apenas veía su cabeza ya un poco calva. Y no es que fuera viejo, pero si debía llegar ya a los 40 años. En pocos segundos me di cuenta de que parecía estar muy enamorado de una mujer a la que llamaba insistentemente, muy insistentemente.

Ella daba la idea de que jugaba con él, porque lo escuché quejarse de que le cerraba las llamadas, pero esta actitud “le daba espinacas” como a el personaje de Popeye, porque con más ánimos volvía y le marcaba.

A la quinta o sexta llamada, le escuché decirle que por favor le permitiera interceptarla en el camino a su trabajo, solo para darle un beso, “solo uno solo”, le decía. Ella parecía ponérsela difícil, pero finalmente, dos llamadas más, luego de que le cerrara nuevamente, la convencieron y dijo que sí.

Ella le dijo que en qué lugar se darían el beso, porque estarían en la calle. El, como aquellos amantes apasionados, le respondió que hasta detrás del edificio en el que ella trabajaba. La amada seguro se río, porque le escuché decirle que nadie los vería, repitiéndole nuevamente que “es solo un besito y ya”. Entonces ella cerró por última vez.

El hombre pareció adivinar mi presencia porque desde que entró el teléfono en sus bolsillos, se volteó y comenzó a hablarme como si yo fuera su gran amiga.

“Señora, que vaina cuando uno ama una mujer, ella me tiene loco”, hasta ese momento se ganó mi simpatía y lo vi como esos hombres que aman mucho y que se hacen escasos. Pero sus siguientes palabras lo “tumbaron del altar”.
“Y eso, que yo tengo dos novias jovencitas y ella es una señora como de 40 años, pero me tiene loco”, me dijo dejándome con la boca abierta.

Me contó entonces que ella lo trata de “vaina”, mientras él le anda detrás, pero que las veces que le cerró el teléfono, fue seguro porque la llamó el otro.

¿El otro? Le dije. Y me contó que ella tenía su pareja y lo quería, por lo que le dedicaba a él el tiempo que le sobraba. Recalcó que la amaba mucho y la trataba como una reina, mientras ella lo trataba como un perro.

Ese día aprendí nuevas formas de “amar” que muchos creen vivir, mezclando los sentimientos con simples pasiones. Tan simples que toleran dividir un sentimiento que solo se siente a plenitud cuando es exclusivo.
En esta historia vi el mundo. Así anda todo.