Si es que llegamos
Cuando dijo “si es que llegamos”, fue que reparé en la cara de aquel taxista. Me pareció que su frase sonó un poco fatalista, luego de que le explicara la dirección a la que debía llevarme, pero cuando agregó “porque llegaremos si Dios quiere” y escuché su historia, lo asimilé mejor.
Su cara seria no era la de las personas que conversan mucho, se le veía una sonrisa de lado un poco forzada, cuando al pasar por una esquina me dijo que exactamente ahí, hace ya unos dos años, por poco pierde la vida.
Estaba parado en un semáforo con dos clientes en su carro: una señora mayor montada en el asiento de atrás, y su hijo, un jovencito, montado delante.
De repente vio cómo un vehículo conducido por una jovencita de unos 16 años, venía encima suyo a toda velocidad, arremetió contra su carro, uniendo la parte de adelante con la de atrás.
El jovencito sentado delante, quedó en la parte de abajo del carro, como si fuera un paquete, la señora quedó con heridas muy delicadas y en estado de gravedad, y él, sintió su cuerpo fundido con las partes del carro.
Dice que volvió en si, cuando sintió que una voz le decía: “no te preocupes, yo te voy a sacar de ahí”, mientras halaba su cuerpo de abajo del carro y sus piernas parecían desaparecidas entre la chatarra.
Su vehículo quedó desbaratado, el de la joven que lo chocó también, y él y sus dos clientes fueron llevados al hospital en estado muy delicado. Lo peor de todo es que le faltaba el dolor más grande.
Sus hermanos recogieron la chatarra del carro y lo depositaron en el patio de la casa de su mamá, y esta, al ver el desastre imagino que su hijo había muerto y no le querían decir. La angustia le provocó un infarto y murió.
Cuenta la historia y concluye confesando que su vida cambió desde entonces, porque ahora se siente seguro de que nada es para siempre, y las cosas pasan cuando Dios quiere, no cuando los humanos dispongan.
Dice que la joven que lo chocó andana en un vehículo del año, moderno, y que su padre tuvo que pagar mucho dinero para cubrir el desastre, porque corrió con los gastos de los tres accidentados.
Mientras hablaba, yo le buscaba otro lado a la historia, pensaba que era un milagro que sobreviviera y pudiera contar la historia. Y pensaba además era valiente al seguir manejando en las calles.

