¿Qué Pasa?

EL LADO BUENO

EL LADO BUENO

La magia de vivir

Muchos no creen en las cosas que escapan de la rutina normal de la vida, porque la verdad es que son extrañas, y el hombre, que suele buscar mil explicaciones a todo, se resiste a entender aquello para lo que no tiene una bonita teoria. Sin embargo, hay voces que cuentan y hablan historias maravillosas como la de Gian aquella noche en que su carro dio dos vuelcos en una carretera y quedó desbaratado, mientras él y tres de sus compañeros de trabajo que lo acompañaban, quedaron ilesos del accidente.

El real inicio de la historia, fue la noche en que su madre, respiró profundo, miró las cuatro paredes de su casa y comenzó a sentir que algo no andaba bien en el mundo. Había algo que no le permitía ver los colores habituales de su alrededor, una inquietud que la colmaba y le quitaba la tranquilidad, algo que no sabía explicar. Por eso, antes de dormir, hincada al pie de su cama, cerró sus manos en señal de fe, llamó a la señora que le auxilia en los quehaceres de la casa y le invitó a orar junto a ella un Padre Nuestro con el que creyó conseguiría la paz. Así se fue a su cama y despertó unas horas después. Vio su hijo en la sala a eso de las 12 de la noche y éste la sentó y le dijo que tenía algo que contarle. Había sufrido un accidente y llegaba tarde porque estaban en una clínica tanto él como sus compañeros, intactos, como si nada hubiera pasado, mientras que el vehículo estaba desbaratado.

La madre angustiada le preguntó a su hijo Gian, que a que horas había sido eso y cuando escuchó la respuesta supo que era precisamente el momento de su inquietud, aquel momento en que sintió que el mundo no le olía igual.

Cuando le preguntó si llevaba puesto el cinturón de seguridad, su hijo le dijo: “me lo puso mi papá”. Su padre habia muerto unos años antes y él, que nunca se ponia el cinturón, sintió que la mano de su progenitor lo colocó sobre su pecho y lo aseguró, antes del accidente. Y ahí estaba junto a su madre, vivo y seguro de que aquel no era su momento para morir.

El Nacional

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