¿Qué Pasa?

El lado bueno

El lado bueno

Es difícil entender lo que pasa por la mente de la gente, pero mucho más complicado es, si esta persona a quien queremos entender y buscar lógicas adecuadas, ya pasa de los 70 años.

Muchos dicen que el proceso se entiende si nos ubicamos en que es un regreso a la niñez, mientras los menos tolerantes repiten que esta edad es un fastidio y optan por crear un rincón imaginario en el que se arrincona la vida a este envejeciente, que piensan que  lo complica todo.

Talvez sea más adecuado asumir las actitudes de un envejeciente, como lo hace Lidia, o Yanira.

Lidia ha asumido que su madre, con 65 años, es alguien a quien le llegó la hora de complacer, sino en todo, por lo menos en las cosas en las que puede asumir en su beneficio.

La madre de Lidia, excelente cocinera, le ha dado por subir de sal y grasas los alimentos, por pelear cada detalle que no ve en su lugar y querer mantener control en la vida de unos hijos que ya se han hecho independientes.

Para la madre de Lidia, el mayor placer es cocinar para sus hijos, quienes, en su mayoría, le echan en cara que perdió las medidas en sus sazones.

Lidia, mientras, hace tiempo decidió hacerla feliz a cada momento y mientras come los platos que su madre prepara con cariño, le dice al oído que le quedaron ricos.

No tiene el valor de dejarla descontenta, porque, piensa, nunca se sabe cual será el último de los platos que su mamá le prepare y el sabor que le quede en su boca, por salado que esté, siempre será el mejor para sus recuerdos.

Yanira tiene su mejor sonrisa cuando habla de su padre, un envejeciente muy especial que suspiro por conocer, porque, como pocos a su edad, vive y lucha porque lo dejen vivir.

El padre de Yanira se toma sus tragos cuando le viene en gana, mantiene como calendario en su mente fechas especiales que todo el mundo olvida, vive solo en su casa después de que enviudó conservando cuidado y en su lugar cada detalle de su casa. Además, como pocos de su edad, se cuida y mantiene alerta a cada síntoma que le pueda afectar su salud.

Gusta de caminar y de repente se le puede ver en una calle cualquiera, bien lejos de su casa, a la que ha llegado a pie. Cuida sus finanzas en exceso, como sólo lo hacen los seres bien lúcidos de mente, y hasta se da el lujo de rechazar enamoradas, por entender que no le convienen porque lo limitarían en su libre vida.

Yanira lo mira, lo ama y le da permiso de vivir, porque sabe, que como dice una frase famosa “solo se vive una vez” y luego solo queda el silencio.

miguelinaterrero@hotmail.com

El Nacional

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