Algunas risas se escuchaban al otro lado de la lìnea telefónica, mientras esperaba que la persona que me había llamado, retomara su conversación conmigo.
Escuchaba un raro ruido, e imaginaba que buscaba algo, no sé donde. Un rato después, dejando volar mi imaginación, supuse que buscaba en su bolsillo, pero por el regateo de dedos, me hizo concluir que en realidad su mano recorría al parecer, los pequeños espacios de su vehículo, en los que talvez había guardado un poco de dinero.
Lo sentía presentía apurado, como quien le llega un momento incómodo que tiene que resolver, mientras al otro lado, como a lo lejos, escuchaba claramente voces de personas que le hablaban y por las que tuvo que interrumpir su conversación conmigo y dejarme en línea abierta por la rapidez.
Todo comenzó con una llamada de mi amigo José, en respuesta a una que yo le hiciera dias antes. Mientras me saludaba y respondía algunas interrogantes de trabajo, de repente me dijo espérame, que estoy preso aquí y fue ahí cuando comenzó mi entretenida espera, para que él resolviera su anunciada prisión.
A parecer lo habían parado algunos policías de aquellos superhonrados que no hay que buscar con pinzas, y ellos, fueron los generadores de aquella búsqueda de dinero en cada rincón de los bolsillos y el carro de mi amigo.
La conversación siguió luego del ruido, mientras yo, ya entendía y hasta mentalmente tenía imágenes de lo que pasaba al otro lado de mi linea telefónica.
Lo que en principio pareció un llamado al orden, ahora parecía un chiste porque solo escuchaba risas, y gente que apuraba, para que las manos de mi amigo, encontraran más y más dinero del que podía dar.
Lo escuchaba decir, solo tengo eso, mira no aparece más, mientras los encargados del orden y de nuestra protección atacaban, intentando obtener el máximo de aquellos bolsillos.
Pero tu has hecho muchas películas decían en referencia a la carrera de mi amigo en el cine e intentando, con este recordatorio, sacarle el máximo provecho a la situación.
Las risas sonaban, porque además de atracar, parecían, los policías, tratar de ser graciosos, en momentos en que la gracia estaba de vacaciones.
Las monedas fueron pocas, pero el tiempo en que mi amigo tuvo que pararse fue mucho, demasiado talvez.
Las risas terminaron, los policías se fueron y él, retomando el teléfono, siguió hablándome, mientras de vez en cuando reía conmigo del incidente que le llevó los pesos del bolsillo.
El siguió su camino, mientras ellos, los amiguitos de la calle, seguro quedaron en la misma esquina, en espera de otras presas con buenas manos para rebuscar monedas en sus bolsillos y hacerles el día.
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