Los insultos que Laura le decía a Ernesto vía teléfono, no se correspondían con las palabras de amor que se manifestaban meses anteriores por esta misma vía.
Para entender había que conocer la historia desde sus inicios y adentrarse en el alma de aquella mujer, que creyó encontrar en él, el gran amor de su vida, de esos que ya no abundan en cualquier calle o en cualquier país.
Lo había conocido por internet a través de su messenger y el flechazo fue inmediato. Su amor fue creciendo y de las letras pasaron a las llamadas constantes que atestiguaban cómo no podían estar el uno sin el otro. Unos cuantos meses de tratarse y las cosas parecían concretarse tanto, que ya su novio cibernético hablaba de venir a casarse con ella y había puesto la fecha de su llegada.
Sus negocios lo mantenían en un viaje en alta mar, pero le anunció que para adelantar cosas, las maletas irían adelante para que ella las recibiera y guardara mientras él llegaba días después. Y así pareció ser. Tiempo después recibió un documento sellado del aeropuerto de Miami, anunciándole que estaban retenidas allá unas maletas que estaban a su nombre, que para poder llegar al aeropuerto de República Dominicana, debia ella depositar el pago de unos 500 dólares, ya que las mismas estaban llenas de cosas de mucho valor. Laura sintió entonces que todo era verdad, las maletas eran ciertas y su novio, de seguro también. Lo llamó al dia siguiente para decirle que enviara los 500 dólares, pero él le pidió lo resolviera de su dinero pues estaba todavía en alta mar en asuntos de trabajo. Su amigas se reunieron para ayudarla, ya que de aquel hombre tan interesante, estaban todas impresionadas. Pero para dar el beneficio de la duda, quisieron llamar a aeropuerto de Miami para confirmarlo todo. Muy amable, la señora que tomó el teléfono, al escuchar la explicación que le dieron suspiró profundo y dijo: ¿otra vez? Como quien ya ha escuchado demasiadas veces la misma historia.
Se rompieron sus ilusiones cuando supo que su supuesto novio era parte de una red de delincuentes que ya llevaban muchas mujeres engañadas y a quienes había estafado con precisamente 500 dólares. No habia maleta alguna, y los sellos del documento que le llegó, eran falsos. La intención estaba clara y por eso, ahora se desahogaba y le insultaba con todas sus fuerzas, como lo merecía. Fuera la tonta ilusión.

