No hay una explicación certera que te deje conforme, tampoco la habrá nunca. Pero si hay miles de experiencias por contar, cientos de casos aquí y allá, que dan fe de cómo es nuestro engranaje justiciero.
Cómo sueles ver lo que no es. Cómo lo que es, nunca se ve en realidad y cómo hay realidades, que estás paradógicamente consciente de que nunca sabrás.
Y como lo que se ve, nunca es, muchos pensarían que Alfredo, el joven adolescente que la policía paseaba por las calles esposado, era un delincuente más. Y para muchos después de estos confusos hechos, quedará la cruel duda de si lo es o no, cuando en realidad, las circunstancias fueron determinantes en ese momento, que dejó marcada su vida.
La historia se remonta a 6 meses atrás, cuando este trabajaba en una pequeña compraventa cercana a su casa y que pertenecía a un amigo de su familia. Dedicó su adolescencia y su tiempo de joven adulto a trabajar a aquel negocio que ya sentia tan propio, que defendia como su propia vida. Así quiso hacerlo cuando dos asaltantes entraron en el mismo, pero ellos lo vencieron amarrándolo para poder llevarse todo el dinero y algunos efectos caros del negocio. Así atado de pies y manos, lo encontraron los demás empleados y el dueño del negocio, quienes de inmediato iniciaron las denuncias y averiguaciones. Cansado de buscar solución al asalto, enloquecido a su jefe le dio por culparlo, argumentando que debió defender mejor el negocio. En pocos días y sin explicación que lo justifique, a alfredo se le vio en las calles, delante de unos policias y esposado como el peor delincuente.
Duró tres meses apresado sin nada que lo culpara, cuando aparecieron los verdaderos culpables y se vio en libertad. Alfredo quedó andando con la cabeza baja, como aquel dia en que injustamente se lollevaron, porque ahora, aunque sabe que su inocencia está probada, nole ha abandonado la misma verguenza de aquel dia, porque sabe, que muchos por toda su vida, quedarán con la duda.

