Sueña…sueña..sueña
Laura no sacaba de su mente la casa que quería, y por eso, aunque sabía que el dinero que tenía ahorrado no era suficiente para nada, contaba con él, para comprarla cuando la encontrara. No quería vivir en lugares peligrosos ni lejos, por eso, cuando buscaba su casa, siempre lo hacía sitios modestos, pero con un poco de seguridad. Tampoco quería una casa muy pequeña, porque aspiraba que sus dos hijos estuvieran cómodos, cada uno en su cuarto. Sus sueños de día, una noche la acompañaron también en su cama, pues al tirarse en ella llena de cansancio, soñó que andaba muy sudada y una tarde había por fin llegado a la casa que quería y podría comprar. Se vio, en el sueño, satisfecha, pero había algo que se escapaba de su control y que al parecer no le gustaba. Cuando recorrió la casa que un chico, talvez demasiado joven le mostraba, se dio cuenta de que, desde la sala, se alcanzaban a ver demasiados detalles de las habitaciones y los baños, porque un pasillo corrido, llevaba la vista hasta lo último. Esto la desencantaba un poco y en medio de ese desencanto, despertó. Ese día además de andar las calles chequeó los clasificados, y fue allí donde vio aquella casa en el Naco, muy cara, pero que decidió ir a ver. Llegó luego de caminar una buena parte del camino a pie y entró bien sudada, conoció al joven que negociaba el inmueble y supo que era heredero de la casa y, por asunto de deudas, necesitaba salir de ella a como diera lugar. Negociaron como por arte de magia con condiciones que cualquiera no creería. Y fue, una semana después, cuando regresó a la casa a cerrar detalles del negocio, que parada en la sala, de repente vio el largo pasillo que dejaba ver el baño y parte del interior de una de las habitaciones. Era el detalle que le delataba, que no estaba equivocada, era su casa, la que iba a tener y la que vio en sus sueños, justo asi, para tomarla y cambiarla a su antojo. Soñar, valió la pena, pero sobre todo luchar y ser persistente hasta el cansancio.

