Opinión

El libro al Agua y Luz

El libro al Agua y Luz

El libro, en su cristiana, inmensa e interminable misión de multiplicar los panes, merece una casa propia. Es indigno que viva arrimado, entorpeciendo a sus generosos y hospitalarios tíos y primos. Cual bisoño y extraño estudiante universitario venido a la gran ciudad procedente del interior, ha sido acogido durante un tiempo prudente en la Plaza de la Cultura, pero ya molesta como molestan las visitas prolongadas.

La Feria del Libro es la magna celebración de este instrumento que nos regala el conocimiento sin pausa ni consunción. Gracias a él viajamos con los bolsillos vacíos. Consagra nuestra imaginación y nos permite descubrir lo que hay o no de creativo en nosotros.

Con tales méritos, es injusto que esté en la calle. Hace unos meses tocamos este tema, el cual retomamos a propósito de las últimas discusiones surgidas en torno la sede de la próxima Feria del Libro. Se han mencionado varias opciones, incluyendo Sans Souci,  la que no estaría mal. Pero se trata de instalaciones privadas.

Recomendamos entonces –y reiteramos-, que se tome en cuenta el abandonado teatro Agua y Luz y otros espacios del entorno, en el Centro de los Héroes como sede permanente, aprovechables para otras actividades. El amplio edificio central del Correo, incluyendo áreas verdes, rotondas y otros espacios ociosos contiguos al CEA, el Ayuntamiento del Distrito y Migración. 

Sobran las áreas para parqueos y circulación. La proximidad de la Universidad O&M reviste la zona del espíritu académico que debe sustentar el evento. Pasan y llegan hasta este punto varias rutas de carros públicos y líneas de autobuses. Una parada del Metro, hoteles, bancos y restaurantes completan el conjunto de facilidades que hacen del Agua y Luz el lugar ideal para la Feria del Libro.

El Nacional

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