Semana

El libro  feroz

El libro  feroz

¿Puede un libro transformar el mundo, modificar una sociedad, cambiar el destino de una vida, influir en los detalles de las grandes decisiones, o revelar en su esencia verdadera; clases sociales, manifestaciones nefastas de la masa, o actos heróicos de vidas humanas dedicadas a obras magnificentes o truculentas?

Parece que sí.

Mas que un objeto de culto y delectación, o albergue de misterios interplanetarios, intimidades e irrelevancias individuales, enigmas de la naturaleza o tópicos de terrenal vislumbre; un libro puede más por su composición profunda y por su ubicuidad espiritual, puesto que depone las máscaras del presente, y fiel a su misión redentora;  azuza para que se descubran,  los enmarañamientos filosóficos y conceptuales inusitados, procreados por el porvenir.

El libro es un trasiego de veleidades e indiscreciones, cuando no, de disquicisiones y alumbramientos afortunados.

Potencia y conforma un propósito  que resuma energía,  sacrificio, ensoñación y vértigo,  tras una meta memorable, inteligentemente delimitada.

Sus instrumentos son los idóneos para la sobrevivencia en el combate a muerte con el tiempo.

Cada palabra, cada sílaba, cada signo de puntuación y  cada verbo, adverbio, adjetivo y consonante; nace como una imposición demoledora del otro agazapado en nuestro interior,  en camino franco y avasallante hacia la posteridad.

Dado lo referido, somprende a más de uno no sólo su simpleza etimológica, sino también, la sencilla definición que de este hace la Unesco: “del latín liber, libri, membrana, corteza de árbol, es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado, es decir, encuadernadas, y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas.

Debe poseer 49 o más páginas (25 hojas o más). Desde cinco a 48 páginas sería un folleto (desde tres a 24 hojas). Desde una hasta cuatro páginas hojas sueltas (una o dos hojas). También se llama “libro” a una obra de gran extensión publicada en varios libros llamados tomos o volúmenes. Otras veces se llaman libro a cada una de las partes de una obra, aunque físicamente se puliquen en un mismo volumen”.

Subrayando el hecho de que un libro “puede tratar sobre cualquier tema”,  la Unesco aclara que “su definición” no está circunscrita al mundo impreso o de los soportes físicos, dada la aparición y auge de los nuevos formatos documentales y especialmente de la World Wide Web. Se refiere al libro digital conocido como “e-book”, que “está inrrumpiendo con fuerza en el mundo del libro y en la práctica profesional bibliotecaria y documental. Además, el libro también puede encontrarse en formato audio, en cuyo caso se denomina audiolibro”.

Así las cosas.

Considerando al libro, centro de convergencia de sus  fuegos interiores, el hombre hace acopio diario de su ulular constante, a pesar de la amenaza de los avances tecnológicos y los referentes simbólicos que proyecta  la postmodernidad, que a todo quiere volcar como objeto con valor de cambio.

Un libro compendia los azares y ensueños que hacen del hombre sujeto protagónico de la historia. Media entre lo ordinario y trascendente, e instiga y seduce al hombre, del mismo modo que lo consagra y condena al olvido.

Los primeros libros era planchas de barro con caracteres y dibujos incididos con un punzón.

Los rollos de los egipcios, griegos y romanos eran  los más próximos a la imagen de los libros actuales

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación