La semana pasada, el Centro León conmemoró el 20 aniversario de la primera visita de José Martí al país y aprovechó para mostrar dos videos: uno con entrevistas a los y las banilejos, quienes consideran el concierto de Juan Luis y Silvio como lo más grande que ha sucedido en su ciudad; y el otro un fragmento de un video que había filmado Peyi Guzmán sobre el concierto, del cual se recuperaron doce canciones, seis de cada uno.
Yo fui invitada para hablar de la organización del evento, donde jugó un papel fundamental el Comité de Amigos de Cuba, dirigido entonces por Abelardo Vicioso, en conjunción con Monseñor Roque Adames; y aproveché para rendir tributo al más desinteresado de los héroes dominicanos: Máximo Gómez.
Cuando se discutían las celebraciones del Centenario del Manifiesto de Montecristi, planteábamos la necesidad de que estas tuviesen como objetivo central, además de celebrar la hermandad dominico-cubana, la cual se remonta a Hatuey; Heredia; los hermanos Maceo y los Loynaz, entre otros y otras, la exaltación de la figura de Máximo Gómez.
De él se conocen sus hazañas bélicas, las cuales le valieron los sobrenombres de Primer Guerrillero de América y Napoleón de las Guerrillas. Se le conoce como:
Héroe de la Campaña de Santiago de Cuba, del 1868 al 1870.
Héroe de la Invasión a Guantánamo, en 1897.
Héroe de las Jornadas de Camagüey, entre 1873 y 74.
Héroe de la Campaña de Las Villas, en 1875 y 76.
Héroe de la Campaña Circular de Camagüey, en 1895.
Héroe de la Campaña Lanzadera de La Habana, en 1895.
Y sobre todo, guerrero de la Campaña de la Reforma, la cual duró 20 meses, donde tan solo con cuatro mil hombres, mambises, campesinos descalzos, negros libertos, cubanos de todas las clases, derrotó a cuarenta mil efectivos del ejército más poderoso de su época.
Héroe indiscutible de la Independencia de Cuba, junto con Antonio Maceo, su hijo adoptivo, también de origen dominicano, Máximo Gómez espera aún a su Homero.
De José Marti, visionario, poeta, patriota, critico, ensayista, periodista, revolucionario infatigable, se han explotado todas las aristas, todas las posibles vertientes que explican su extraordinaria existencia. De Antonio Maceo, su biógrafo, el General Miró, escribió La Ilíada y la Odisea, pero de Máximo Gómez apenas conocemos nosotros los dominicanos y dominicanas sus cartas, y no todas, y su Diario de Guerra.
¿Qué explica el surgimiento de un hombre tan singular y extrañamente desinteresado? ¿Los principios de alguien que afirmaba que mi interés es libertar a los hombres, no gobernarlos?

