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Para evadir la demagogia en sus discursos, los partidos políticos —y sus candidatos— deben reproducir realidad social concreta, introduciendo en sus proclamas las raíces que unen al hombre con la evolución social, ya que aunque la propaganda tiene una creación religiosa que se remonta a los comienzos del Siglo XVII, la incidencia del contacto entre activistas y votantes reivindica lo presupuestado por los orígenes mismos del embrión político.
La palabra propaganda, que proviene del Dicasterio (Congregación) de la Santa Sede, fundado en 1622 por el Papa Gregorio XV con la doble finalidad de difundir el cristianismo en las zonas donde no había sido instaurado y defender el patrimonio de la fe en aquellos lugares en que la herejía roía el carácter genuino de ésta.
Por lo tanto, Propaganda Fide era, en la práctica, la Congregación a la que estaba reservada la tarea de organizar la actividad misionera de la Iglesia. Trescientos años luego, en 1933, y ante los avances ideológicos de la Unión Soviética, que empleó grandes recursos propagandísticos para difundir el marxismo-leninismo, los nazis, encabezados por Joseph Goebbels, desplegaron una colosal ofensiva de información ideológica, la cual ha servido de guía para la reformulación de las ventas partidarias en los principales países del mundo. En 1988 —y para hacer más explícitas sus tareas— Juan Pablo II denominó al Dicasterio de la Santa Sede como Congregación para la Evangelización de los Pueblos.
Sin embargo, los verdaderos alcances de la propaganda —servida desde una plataforma social desvestida de tensores religiosos y teogónicos— fue difundida por Edward Bernays con la aparición de su libro Propaganda, en 1927, una verdadera guía de lo que debe ejercer la comunicación especializada para propiciar cambios conductuales en la sociedad.
Edward Louis Bernays (Viena, 1891, Cambridge, Mass., 1995), fue doblemente sobrino de Sigmund Freud, ya que su madre, Anna Freud, era hermana del creador del sicoanálisis, quien a su vez estaba casado con Martha Bernays, cuñada de Anna. Bernays llegó a los EEUU desde su nativa Austria siendo un niño y se convirtió en el gurú de las relaciones públicas y la propaganda en los años 20, aunque el creador de esa disciplina había sido Ivy Lee, quien en 1904 fundó en Nueva York el primer despacho conocido de esa rama de las comunicaciones.
Entre múltiples definiciones de la propaganda, Bernays afirma en su libro que ésta «es el órgano ejecutivo del gobierno invisible».
Y refiriéndose al libro de Bernays, Noam Chomsky escribe en la contraportada de la edición del 2008, realizada por la Editorial Melusina de Santa Cruz de Tenerife, que es “un verdadero manual de la industria de las relaciones públicas”, un argumento que Normand Baillargeon, catedrático de la Universidad de Quebec, revalida en su libro Curso de autodefensa intelectual (Lux Éditeur 2007, Québec), confirmando el postulado de Chomsky: “la propaganda es a la democracia lo que la violencia es para un estado totalitario”.

