La tinta y papel consumidos en estudiar el sistema eléctrico dominicano debe ser suficiente para formar una biblioteca.
Esto viene a cuento por los recientes sucesos, como la vuelta a la estatización de la distribución y comercialización, con la readquisición de acciones por el Estado en la única de las tres empresas que aún tenía socios extranjeros.
También hoy abona los contrasentidos la decisión oficial de disponer otro aumento en la tarifa en el orden del 6,4%, bajo el alegato de que ha subido el petróleo en el mercado internacional y también está en alza la cotización del dólar.
Esto obliga a preguntar cómo es posible que la privatización de 1998, con la venta por partes de la Corporación Dominicana de Electricidad, presentada como la solución al problema arrastrado por decenios, ahora es revertida en 2009.
El Estado ha comprado las partes peores de la res, animal o cosa eléctrica, pero los entes privados que son propietarios de grandes plantas y barcazas, se mantienen con el filete, el negocio de la producción y venta al gobierno.
El caso Ede Este parece misterioso, no obstante las explicaciones presidenciales a ejecutivos de medios, porque, más que una venta, fue una negociación para poner término a una litis judicial en que el Estado saldría perdidoso.
Un dato curioso es que al desmembrarse el antiguo monopolio estatal, surgieron más de diez nuevas empresas, mixtas o privadas, que se supone se repartirían o reducirían todo el personal de la vieja CDE, para lograr más eficiencia.
Lo extraño, curioso y lógico sólo desde la visión politiquera, es que cualquiera de las Edes tiene más empleados que el viejo monopolio estatal, lo que evidencia que la fiebre no estaba en la sábana.
Y lo peor es que todas las distribuidoras de energía ¡ahora son del gobierno! Imagínese el resto con respecto al personal supernumerario.

