Barack Obama utilizó su autoridad para librar de ser sometidos a un proceso judicial a los funcionarios de la Administración Bush que autorizaron la tortura y a los jefes de organismos de inteligencia que dirigieron operaciones de secuestro y ejecuciones clandestinas. No hay que tener, pues, reparo, en vincular su nombre a las viejas fechorías imperialistas.
Obama ha intensificado las operaciones bélicas (son denominadas de ese modo, en este contexto operaciones de saqueo y masacre con presencia militar) en Afganistán; mantiene abierta y funcionando como centro de tortura en territorio usurpado la cárcel de Guantánamo; ha dado apariencia legal al gobierno golpista de Honduras, mantiene en pie los programas de desestabilización contra los gobiernos progresistas de América, y ha dado continuidad al criminal bloqueo contra Cuba.
Es larga la lista de acciones de injerencia y terrorismo de Estado que tienen el sello del gobierno de Obama y comprometen la figura presidencial.
El Barack Obama que visita Brasil y que en los próximos días visitará Chile y El Salvador, es agente de guerra y sometimiento.
El periodista Ernesto Carmona atribuye la visita a Chile al interés por la energía nuclear. En EEUU existen dudas sobre la eficacia del sistema actual de regulación y control nuclear. Pero Obama encabeza el lobby atómico y su estrategia de imponer convenios de «investigación nuclear» en países satélites, como Chile bajo Piñera, sirve para ablandar la oposición en EEUU ante esta energía, dijo Carmona en un artículo publicado por la agencia Argenpress.
Quien piensa que Carmona exagera, sólo tiene que constatar que la llegada de Obama a Chile ha sido precedida por la firma de un pacto para el uso de energía nuclear.
En abril 2009, Obama anunció en Trinidad y Tobago una nueva era de relaciones. ¿Qué puede ofrecer hoy, cuando es obvio que no representa el cambio? Cuando la estafa política es evidente, el blanco y el negro son envolturas de la misma condición.

