Opinión

El pasado no se mejora

El pasado  no se mejora

Rafael Grullón

Hace uno o dos años, acudió a la Receta Médica de la Z un profesor dominicano en Harvard, cuyo nombre no recuerdo, dando cuenta de pertenecer a una Fundación que persigue que los conocimientos que hay en el idioma inglés figuren en español.

El planteamiento contaba con error, al atribuirle el problema a la “discriminación”. La razón de que los conocimientos estén inglés obedece que ninguno de los países que en sus tiempos hicieron la Revolución Industrial y ahora la tecnológica hablan español

Lo que nos enseñaron en escuela ha estado siempre muy lejos de las prácticas que han producido el conocimiento. Cuando estábamos en la secundaria el sobre nombre de la trigonometría que le pusieron los muchachos, era “Trigonomeentra”.
Nunca comprendimos para qué servían los ejercicios sobre los ángulos en la circunferencia hasta que estalló la Guerra de las Malvinas, cuando vimos en la pantalla del televisor cómo en un monitor de los submarinos trazaban el cuadrante para ubicar los aviones que volaban sobre el mar.

Contaba García Márquez que un soldado llamó a su madre para decirle que regresaría de la guerra de las Malvinas, pero que le aceptara llevar un amigo que había quedado mutilado, sin extremidades. La madre le contestó al hijo “Que imposible”. Al colgar el teléfono, el hijo se suicidó. El mutilado era él.

En la guerra de Vietnam, un estadounidense en pleno campo de guerra leía la carta por respuesta que le había enviado su madre. Ella le decía “Hijo tú regresarás, tú eres un hijo de Dios. Tengo fe que volverás”. Madre, aquí estoy envasando en fundas plásticas por pedazos a otros hijos de Dios como yo”.

De aquellos muchachos que murieron en masa, otros volvieron mutilados y adictos a las drogas y de esas niñas vietnamitas que eran quemadas por las bombas que lanzaban los aviones, la sociedad de Estados Unidos no termina de explicarse cómo sucedió aquello por tanto tiempo.

A pesar que en hospital Morgan hay un letrero que reza “no les diga chinos a los japoneses”, Japón nombró una comisión para ir a China donde Mao Seg Tung para pedirles perdón por haberlos invadido.

El hombre se ha arrepentido de todas sus guerras. Decía Peña Gómez en su lucha con Majluta, que la política era tan compleja que su secretaria era majlutista. “cómo le administro sus sentimientos a ésa muchacha”, se preguntaba.

Hoy los otrora perredistas, agrupados en el PRM y el PRD, no pueden explicarse sus luchas pasadas, y su líder se despidió de este mundo con el famoso vídeo: “Yo los perdono”, que estaba dirigido no sólo a los de afuera, sino también a los de adentro.

Como el pasado es irremediable, al hombre, que ha protagonizado procesos sociales que han marcado el mundo, como el más común de los mortales, solo le queda una alternativa, el arrepentimiento.

El Nacional

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