Editorial

  El peor enemigo

  El peor enemigo

La escena de dos militares detenidos en la autopista Las Américas con 27 kilos de cocaína que ayer pretendían llevar hasta la escalinata del avión que los transportaría a Europa en el aeropuerto Las Américas es revelador de hasta dónde ha logrado penetrar el narcotráfico en estructuras militares, del Estado y de la sociedad civil.

De nada sirve tintar de amarillo o aderezar con salsa especulativa un suceso como ese, síntoma de un mal mayor que debería ser afrontado por la sociedad dominicana en  riesgo hoy de inhabilitación por el empuje en su seno de una industria criminal que se extiende por todo el mundo.

La lucha resuelta y continua contra el narcotráfico debería ser el primer punto en la agenda de urgencias nacionales, si de verdad se quiere evitar que aquí se reedite la tragedia de México donde seis mil personas murieron el año pasado a manos de cárteles de las drogas.

Esos efectivos del Ejército que hacían el papel de correo para el trasiego de ese cargamento de cocaína, estaban adscritos al Cuerpo Especializado de Seguridad Aeroportuaria (Cesa), a cargo de evitar ingreso o salida de drogas en puertos y aeropuertos, por lo que puede decirse que la Iglesia estuvo en manos de Lutero.

Tanto ha crecido el narcotráfico y crímenes conexos a nivel mundial que la Unión Europea ha reclamado una nueva estrategia de combate a ese flagelo, mientras en Estados Unidos la Agencia Antidrogas (DEA) presiona para que se mantenga el mismo esquema de combate, basado en atacar la oferta pero no la demanda.

Suramérica exporta miles de toneladas de cocaína a todo el mundo, a través de corredores, que incluye a República Dominicana, para facilitar los embarques hacia Estados Unidos y Europa, en operaciones que reportan miles de millones de dólares al año.

La insaciable demanda de drogas ha frustrado esfuerzos por disminuir la oferta, por lo que el ex presidente de Colombia, César Gaviria, a cargo de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, cree fracasada la política de erradicación, interdicción y criminalización, razón por la cual reclama lo que define como “un cambio de paradigmas”.

Es doloroso admitir que República Dominicana y Haití y África Occidental constituyen estratégicos corredores  para el envío de toneladas de cocaína a Norteamérica y Europa, lo que obliga a Gobierno, liderazgo político, mando militar, Ministerio Público y Justicia a aunar voluntades y esfuerzos para combatir la expansión aquí del narcotráfico, el peor enemigo que jamás haya confrontado la sociedad nacional. 

El Nacional

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