(Con pesar El Nacional publica esta última entrega de su distinguido colaborador Juan Arístides Taveras Guzmán, fallecido ayer a los 81 años de edad).
Hoy quiero compartir algunas pinceladas de un gran libro que acabamos de estudiar, de uno de los más famosos predicadores de New York a mediados del siglo pasado, Norman Peale, y cuya obra se titula, El Poder del Pensamiento Positivo. Este libro que había sido rechazado muchas veces por los editores, y Peale desanimado, lo lanzó en la cesta de la basura y dijo a su esposa que lo dejara ahí.
Ella tomó su palabra, literalmente, y el día siguiente presento el manuscrito, dentro de la cesta de la basura, al editor afortunado que finalmente lo aceptó. Este libro es realmente el primer libro de auto-ayuda y quien nunca ha leído el libro esperaría encontrarlo trivial, pero en el encontrarán que da sabios consejos para vivir, donde nos habla de hacer tiempo para el silencio, y cuidarnos de nuestro yo mismo físico.
Nos recuerda que la culpabilidad y la cólera pueden hacernos enfermar y fue uno de los primeros en decirnos, antes que los estudios médicos, que el pensamiento positivo hace una gran diferencia en la salud y la curación.
El pensamiento positivo tiene la capacidad de transformar nuestra vida desde dentro y es fundamental para lograr nuestras metas y obtener éxitos en nuestra vida. Es como el motor que nos mueve para conseguir lo que deseamos. El pensamiento positivo es lo contrario del pensamiento negativo, que baja nuestra autoestima y nos impide desarrollar todo nuestro potencial.
Decía Napoleón Hill que todo aquello que la mente puede concebir y creer, se puede alcanzar. Una persona optimista consigue sus objetivos de forma más fácil porque tiene una buena predisposición, porque cree en sí mismo y sabe interiormente que puede hacer todo aquello que se proponga y, como consecuencia, pone los medios para que así sea.
Puedo dar testimonio, en mi modesta vida personal, profesional y política, que todo lo poco o mucho que logre, fue porque siempre pensaba positivo, veía el vaso medio lleno, y no medio vacío, tenía mucha confianza en mí mismo y me sentía orgulloso de mis raíces, de mis padres y mi familia.
Sobre todo la Fe en Dios, que siempre nos guió y protegió en las tormentas y las pruebas. Termino con la iluminada frase de Norman Peale y su libro el Poder del Pensamiento Positivo; “Cambia tus pensamientos y podrás cambiar tu mundo’’.
