Opinión

El quehacer imperialista

El quehacer imperialista

Barack Obama consulta con sus asesores y espera el momento oportuno para tomar una decision sobre la solicitud del alto mando militar de enviar a Afganistán otros 50 mil soldados. Siete bases de Colombia están disponibles para operaciones militares y de espionaje, en virtud de un “acuerdo” que autoriza a Estados Unidos a colocar en esas instalaciones personal militar y de inteligencia con inmunidad diplomática. (Esto último significa protección, incluso para los que cometen tropelías como las que han generado el repudio generalizado a la base de Okinawa, en Japón: violaciones sexuales y otras barbaridades).

Hoy, como ayer, la legislación estadounidense y la política de Estados Unidos son determinantes en el uso de la fuerza. Es éste uno de los elementos definitorios  del  imperialismo.

En octubre pasado, Obama prolongó por un año el bloqueo contra Cuba, y es obvio que da continuidad, por tiempo indefinido, al quehacer imperialista.

En América Latina, utiliza a presidentes lacayos como Álvaro Uribe Vélez y Ricardo Martinelli, y avanza en la conversión de Colombia y Panamá en lunares del imperialismo para desestabilizar los gobiernos progresistas de Centroamérica y castrar el  avance político  en Suramérica.

 Entes serviles como Oscar Arias, presidente de Costa Rica, Alan García, de Perú, y Felipe Calderón, de México,  igual que Álvaro Uribe, comprometen los Estados que representan sin tomar en cuenta que atropellan la institucionalidad de sus  países.

 La legislación estadounidense y el compromiso de Obama, trazan las pautas.

 El orden imperialista conserva, pues, su definición esencial. Sólo rediseña sus políticas para responder al interés de la oligarquía petrolera, armamentista y saqueadora que lo dirige.

El proceso de afianzamiento de la hegemonía  estadounidense sigue adelante, y es lo que determina la similitud  entre las acciones de una administración encabezada por un miembro de una familia armamentista como es George W. Bush, y la que dirige un afroamericano Premio Nobel de la Paz.

 La secretaria de Estado Hillary Clinton, quien sirve de enlace entre la Administración Obama y la ultraderecha que se asume como tal,  repite falacias como aquella de que  Estados Unidos no instala nuevas bases militares en América Latina. Pero además, anuncia que Obama, quien ha reforzado con 17 mil soldados la ocupación en Afganistán y ha enviado a otros 13 mil en condición de policías o servidores  civiles (mercenarios) espera el momento oportuno para enviar un nuevo grupo,  quizás con menos de los 40 mil militares que solicita el general Stanley McChrystal.

  Escenarios de guerra y de sometimiento… ¿Dónde está lo nuevo?

El Nacional

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