El Rapto (Rapt, Lucas Belvaux) es el mejor desmentido al criterio de que los francesos sólo son buenos en cine cuando los temas son románticos o existenciales. Esta película, incluida con gran acierto en el Festival Francés de Fine Art´s, es una experiencia cinematográfica que atrapa al espectador producto de la excelencia fílmica que produce la combinación de una dirección acertada, una edición y fotografía impecables, las actuaciones (tanto del protagonista y de las caracterizaciones de apoyo, en las cuales no hay incertidumbre ni dudas de lo bien logradas que resultan). Iván Attal encarna un notable desafío histriónico al representar a un poderoso acaudalado industrial con grandes vinculaciones con el poder político y 130 mil empleados a su servicio, que es secuestrado por unos profesionalísimos delincuentes (a quienes se debe reconocer su fuerza actoral y en torno al cual se desatarán los demonios de la doble vida del ejecutivo.
El Rapto no permite un solo momento de respiro. Sus acciones son sucesivamente crecientes en intensidad, dejando ver la habilidad del director belga, ganador de numerosos premios por producciones anteriores. Resaltan en El Rapto, la calidad interpretativa del reparto, la edición, la dirección de arte y el sentido cruel de sus escasos pero crueles efectos especiales. Una cinta que no debería perderse ninguna persona amante de los filmes de acciòn, cuando están adornados de creatividad, inteligencia y una visión alternativa a lo que constantemente ofrece Holywood.

