En la continuación de su programa para estimular bajas en la tasa de interés y ampliar el acceso al crédito, la Junta Monetaria dispuso, entre otras medidas de flexibilización de normas prudenciales, que en lo adelante la calificación de los préstamos bancarios a menores deudores se realice en base a su historial de cumplimiento, no por su capacidad de pago.
Las autoridades monetarias decidieron también reducir el requerimiento de provisiones a los bancos por el monto no utilizado en las líneas de tarjetas de crédito y permitir a los bancos que establezcan provisiones pro cíclica, aunque en el medio local parece difícil poder adelantar los ciclos de altas y bajas de las empresas.
La eliminación de requisito a medianos y pequeños empresarios de probar su capacidad de pago, como condición para obtener un préstamo, constituye una medida que puede definirse como riesgosa, pero que podría contribuir a la deseada democratización del crédito.
En virtud de la señalada resolución de la Junta Monetaria, los bancos aprobarían préstamos a deudores menores basado, para decirlo de alguna manera, en la buena fe del solicitante, que presentaría su historial de pago, en vez de la documentación que garantice el retorno del crédito.
Es verdad que un segmento mayoritario de negocios medianos y pequeños confronta dificultad para poder acceder al crédito bancario, cuyas carteras van a parar en proporción muy amplia a grandes deudores, pero es menester advertir que la medida de referencia incrementa también el riesgo crediticio.
Por la escasa capacidad de maniobra que para poder enfrentar los riesgos de recesión económica por vía de expansión de gasto, las autoridades recurren a medidas de políticas monetarias para intentar reactivar la economía, lo que en ningún modo se objeta, pero se recomienda disminuir velocidad cuando se transita a través de curvas tan pronunciadas.
Se entiende el propósito de la resolución de que liberar a pequeños deudores del requisito de probar capacidad de pago procura estimular mayores flujos de capitales hacia la pequeña y mediana empresas, pero es menester que tan revolucionaria medida sea acompañada de algunas previsiones garantistas, a los fines de que el remedio no sea peor que la enfermedad.
Son escasas y muy restrictivas las opciones disponibles para blindar la economía ante la tormenta financiera y económica que abate al mundo de hoy, por lo que es aconsejable que las autoridades actúen con la debida mesura al momento de elaborar el recetario, porque los efectos secundarios pueden ser letales.

