Así como la kriptonita verde es a Supermán, la desvalorización de la moneda es al Banco Central
La dolarización oficial o de jure se define como aquella política de Estado que da a la moneda extranjera el status de oficial.
El país que dolariza pierde la capacidad de usar las herramientas de política monetaria. Se pierde el mecanismo de ajuste del tipo de cambio como estabilizador automático. Por ejemplo, si hay una caída en los precios de las materias primas de las cuales dependen los ingresos de la economía dolarizada, la moneda del país no se despreciaría automáticamente.
No todo es malo en la dolarización. La gran ventaja es que estabiliza el nivel de precios, deteniendo inmediatamente los procesos hiperinflacionarios. Esto sucede porque al adoptarse una moneda con un historial sólido, emitida por un país con una política monetaria responsable, se gana confianza en el dinero en circulación y las expectativas mejoran. Por ello, la inflación en el país dolarizado tiende a converger en el mediano plazo con la del país emisor de la moneda adoptada.
Dolarizar también elimina la capacidad de financiar el déficit creando nuevo dinero, es decir, promueve la responsabilidad fiscal, ya que el Estado no posee una moneda que puede imprimir a su discreción para financiarse. Sin embargo, siempre queda la opción de acudir al mercado internacional para obtener financiamiento, por lo que aún tras dolarizar es posible mantener un déficit.
Dolarización tiene un olor refinado, que nos atrae porque se habla de dólares en el bolsillo del pobre. Pero mientras exista el articulo en la Constitución que establece el peso como moneda y un monopolio fiscal el río verde seguirá fluyendo a través de la compra dólares para ahorrarlos.

