Opinión

El soberano

El soberano

El presidente Leonel Fernández sabe perfectamente que tiene  los caminos legales cerrados. La única opción, recurrente históricamente, es modificar el artículo 124 utilizando la fuerza congresual. Cuando el presidente Fernández decidió comprar otra vez el Congreso lo hizo para tener una ventana de escape si la coyuntura así lo amerita. No olvidemos que Fernández tiene, además del poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. O sea, los tres poderes del Estado. Y si hay otros poderes, como los mediáticos, también los tiene.

Ahora bien, cuando un pueblo decide echar del poder a un presidente, no hay fuerza que lo pueda detener. Ni los tanques de guerra… ¡Y eso Leonel lo sabe!

La mayoría de los presidentes latinoamericanos que han intentado gobernar durante tres períodos consecutivos han fracasado. Muchos han terminado en la cárcel o desterrados. ¡Y eso Leonel lo sabe!

Las declaraciones de Fernández, en  un almuerzo con  periodistas, –después de muchas críticas porque no habla con la prensa local-  buscan mantener unificado su gobierno. De otro modo la disgregación y el caos se generalizarían. 

Si el presidente Fernández anunciara, a dos años de concluir su mandato, que no va, lo dejan solo.  En un país sin instituciones sólidas, sin  el imperio de la ley como matriz de todas las cosas, el presidente que no deja un resquicio,  una duda, un temor entre los suyos, se queda como un perro ladrándole a la luna. ¡Y eso lo sabe Leonel!

Que Leonel diga ahora que el pueblo es el Soberano, que será quién tenga la última palabra, no me sorprende.  La nariz le sigue creciendo como a Pinocho. Ese mismo soberano fue a una consulta popular para decidir qué método utilizar para reformar la Constitución y  votó por una Constituyente. El 68% pidió una Constituyente.  Leonel se burló del Soberano. La Constitución se reformó mediante una asamblea revisora. Hasta el PRD, en la persona de Miguel Vargas, que hoy llora lágrimas de sangre, se burló del pobre  Soberano.

Mientras tanto, ha  matado dos pájaros de un tiro: unifica al gobierno y al partido en torno suyo metiéndoles miedo,  en tanto abre un debate jurídico sin asidero. Se va por doce días a Europa, -donde le gustaría vivir algún día-, y deja el avispero.  Díganme si eso no se llama coger al Soberano de pendejo.

El Nacional

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