Salí a buscar a Emiliano con las mismas preguntas de Pablo Moctzuma Barragan: ¿Quién le iba a decir a tus enemigos que a pesar de todo ibas a seguir vivo y cabalgando? ¿Que el hombre digno no muere nunca, ni el justo ni el honrado? ¿Que el que ama no muere y que el cariño de tanta gente te mantendría vivo, con un cariño de ese que se siente muy dentro y que no se agota?
¿Quién te enseñó que la democracia se basa en el poder y la autonomía municipal? ¿De dónde sacaste que solo la alianza entre obreros y campesinos permitiría decretar leyes más justas para el trabajador?
Margarita, su nieta, me había invitado a seguir la Ruta Zapata, esa que comienza camino a Morelos, donde nació un 8 de agosto de 1879, en Anenecuilco, el precursor de la primera revolución social del siglo XX, el líder de la lucha agrarista en México.
En cada cruce un letrero nos indicaba que avanzábamos hacia su lugar natal y me llene de nostalgia. Dios mio, pensaba, cuando se ara algo asi para Gregorio Luperon? Una ruta que comience en Santiago, por ejemplo, y vaya orientando a quien lo busca hacia Puerto Plata, hacia su casa, su cuartel general, su tumba.
Mestizo, Emiliano Zapata descendía de una familia con tradiciones de combate. Sus tíos lucharon en la Reforma contra los franceses y el imperio al lado de Juarez, y uno de sus ancestros había sido un insurgente asesinado por los realistas en mayo de 1811. Todos Vivían en la pobreza y Emiliano presenció desde niño, como los líderes guerrilleros de origen campesino, el estado de depresión colectiva de su poblado natal, Cuautla, el hoy Estado de Morelos, donde el 60% de la tierra era propiedad de 30 haciendas, bajo la dictadura de Porfirio Díaz y el uno por ciento de las familias acaparaban el 85% de las tierras agrícolas.
Es increíble descubrir que este hombre murió a los 39 años, víctima de una traición que ahora no narraré, y que los hombres de su ejército estaban todos entre los veinte y treinta años, en una época cuando se comenzaba a ser hombre desde niño, y los jóvenes asumían el riesgo de la muerte como los que vi. en las fotos del padre de Frida Kahlo, sin bandas en los ojos.
Después de visitar su casa fuimos a la infame Chinameca, donde lo asesinaron, y luego a ver su tumba, con una escultura gigantesca apoyada en un rifle que es también un maizal. Las calles y los monumentos en su memoria abundan, pero el tributo más sentido lo vi en el Palacio de Cortez, en Cuernavaca, donde en una exposición de fotos de la Revolución Mexicana, hay un documento con la firma de 563 espíritus, pidiendo desde el más allá que Madero fuera presidente y que el muy calumniado y vilipendiado y amado Zapata fuera el vice-presidente, con sus respectivas firmas.

