En las elecciones de 1978, el dictador ilustrado Joaquín Balaguer, aspirante a continuar, arrendó todas las emisoras de radio y los medios de televisión, exceptuando a Radio Comercial que fue la única voz que tenía el candidato del PRD, Antonio Guzmán, quien ganó las elecciones.
Lo mismo aconteció en el año 2000, cuando el PLD y su candidato Danilo Medina, embadurnaron de morado todos los rincones del país y tenían una avasallante publicidad: Hipólito Mejía obtuvo el triunfo.
Actualmente, se desarrolla una desproporcionada campaña pagada en la promoción de Medina. Según un estudio, por cada cuña radial o spot televisivo del candidato del PRD, los oficialistas transmiten 108. Se estima que el PLD ha gastado más de cuatro veces la inversión que hizo en el 2004 cuando Leonel Fernández se alzó con la victoria.
Y, aún con la indiscutible e indignante desigualdad en los recursos movilizados en este proceso en favor del binomio peledeísta (Danilo-Margarita), Hipólito tiene un crecimiento sostenido, respaldado no sólo por la militancia de su partido sino también por diversos estamentos del sector externo y de otra fuerza política.
Cada manifestación del PRD está matizada por entusiasmo desbordante. Un júbilo inusitado despierta Hipólito cada vez que realiza un acto proselitista. Se puede afirmar que la candidatura de Hipólito se encuentra en la cresta de la ola.
Parodiando a José Martí, el próximo 20 de mayo los árboles han de emparejarse y ponerse en fila para impedir el paso del gigante de las siete leguas, que en este caso lo representa el PLD con su dominio absoluto de los poderes públicos.
La suerte está echada. Hipólito y su ejército de adeptos están listos para cruzar el Rubicón y librar la batalla final que lo llevará a la conquista del poder.

