Al regresar anoche de su viaje de diez días – undécimo de este año – por Francia, Israel y Egipto, el presidente Leonel Fernández inicia hoy una semana laboral atisbada de problemas económicos e insatisfaciones sociales.
El mandatario tendrá que afrontar una agravada crisis en el sector eléctrico que sume en la oscuridad a gran parte del territorio nacional y que se erige como fuente de males mayores.
Difícil ha de ser para el Presidente identificar fuentes donde obtener más de 300 millones de dólares que se requieren para que empresas generadoras pongan de nuevo en líneas plantas apagadas por falta de pago.
Los largos apagones han generado protestas por doquier, una de ellas con saldo trágico de dos muertos a balazos en el barrio Capotillo, lo que encrispa aún más el ánimo de una agobiada población.
El jefe de Estado tendrá que reinventar otra forma de abordaje a la ola de denuncias sobre supuestos actos de corrupción gubernamental, a punto de convertirse en tsunami, pues su alegato de que tiene raíces políticas no parece satisfactorio.
Se reconoce que en sus frecuentes viajes al exterior, el Presidente ha obtenido lauros políticos y logros económicos para su gobierno y el país, aunque, a juzgar por el cúmulo de problemas o temas pendientes, parece imperativo que el jefe de Estado entregue más horas de su tiempo a asuntos internos que urgen su atención.
El auge de la delincuencia y criminalidad es aún tema pendiente del Gobierno, como también lo es afrontar con mayor energía el incremento en el tráfico de drogas y delitos conexos.
Se admite que las autoridades han logrado mantener a flote indicadores básicos de la economía, pese a los efectos de una crisis financiera mundial, pero es menester advertir que otros males, como los precedentemente citados, agobian a la ciudadanía y amenazan con encender la pradera.
Tras diez días de ausencia, el Presidente está compelido a oxigenar a una sociedad que respira con dificultad en medio de un asfixiante entorno económico, político y social.
Se aconseja, pues al mandatario, a trabajar en mangas de camisa… y hablarle a la gente.

