Ante la falta de un programa de salud para combatir numerosas enfermedades infectocontagiosas, Haití afronta serios problemas de insalubridad, que afectan seriamente a los dominicanos, por la presencia de cerca de dos millones ilegales, esparcidos en todos los rincones del país.
Ante la ausencia de controles sanitarios y de campaña de vacunación, los haitianos sufren de enfermedades contagiosas como el sida, difteria, sarampión, tétano, tuberculosis y otras que son endémicas en aquella nación, provocando que las mismas se propaguen en nuestro terruño, disminuyendo la calidad de vida de los nativos, y causando muertes al transmitir virus como el sida y la difteria.
Un total del 47.8 por ciento de los haitianos ilegales son portadores del VIH-SIDA,de acuerdo con estadísticas de las autoridades de Salud Pública, institución que gasta 70 millones de pesos en el tratamiento de esa patología, en desmedro de los presupuestos de los hospitales del Estado, y por vía de consecuencia, de los criollos que necesitan enfrentar sus quebrantos.
Conforme con el doctor Víctor Terrero, director del Consejo Nacional para el VIH-sida, en estos momentos, la República Dominicana, tiene un presupuesto en medicamentos antirretrovirales de 600 millones de pesos, un gasto significativo para atender a los haitianos enfermos, muchos de ellos trabajan en el sector construcción y haitianas dedicadas a la prostitución.
La entrada permanente de haitianos ilegales que cruzan la frontera, impide tener una cifra real de indocumentados que padecen enfermedades transmisibles, aunque muchos acuden a los 72 centros de atención integral a realizarse análisis clínicos, detectándose cuadros preocupantes en sus estados de salud, contagiando a personas sanas que hacen vida cotidiana con los del vecino país.
La situación es incontrolable y nadie sabe cuándo el gobierno central concentrará esfuerzos para defender, no sólo la soberanía nacional, sino la salud de nuestros hombres y mujeres. Dos haitianos ilegales murieron recientemente por difteria, una enfermedad mortal que se ha convertido en una epidemia en Haití, y lo peor del caso es que los indocumentados se niegan a vacunarse, aumentando las posibilidades de riesgo en la población dominicana. Y qué haremos para salvaguardarnos?

