Por Jerez Wisky
el.nacional@codetel.net.do |
La inseguridad: una preocupación colectiva |
Es evidente que una de las mayores preocupaciones del pueblo dominicano en los actuales momentos, lo constituye la seguridad ciudadana, que cada día en mayor número es víctima de homicidios y toda clase de atentados a la propiedad privada que en su mayoría son cometidos por individuos ligados de una u otra manera al tráfico y consumo de drogas.
El Gobierno presta atención preferente a esta situación anómala y ha creado una Comisión Especial que estudia arduamente la manera en que se llevará a cabo la esperada reforma de las filas policiales.
Lógicamente no se trata de un proyecto oficial, sino que tendrá que ser sometido, como es de rigor a la aprobación del Congreso Nacional, donde el proyecto podría ser objeto de algunos cambios o modificaciones como es lógico esperar.
En la actualidad la institución del orden cuenta con unos 38 mil miembros entre oficiales generales, superiores y subalternos, así como clases y alistados por lo que es obvio que su actual presupuesto resulta insuficiente para poder pagar salarios más adecuados a sus integrantes, así como adquirir mayor cantidad de vehículos de motor y de combustibles para los mismos, como forma de incrementar su patrullaje que ahora resulta notoriamente insuficiente.
No podemos olvidar que la Policía fue creada por el entonces dictador Rafael Leónidas Trujillo a imagen y semejanza de su régimen, por lo cual no es de extrañar que en esa época los designados en la jefatura Policial eran generales del Ejército y que la Policía tenia dos objetivos principales, uno perseguir a los delincuentes que cometían robos y atracos, y el otro perseguir a los opositores políticos de la tiranía, lo cual se ha ido superando, poco a poco con la creación de nuevos departamentos.
Pero es evidente que los policías deben ganar mejores sueldos en todos sus niveles, al tiempo de estar rodeados de una mayor seguridad en el ejercicio de sus funciones, sin tener que depender de la confiabilidad de determinados líderes políticos, al igual que tener la confianza de que permanecerán en sus cargos o en sus rangos sin dependencia política alguna, hasta que llegue el tiempo de ser pensionados dignamente.
Solo si se cumplen estos requisitos podemos esperar que haya una mayor confianza entre policías y civiles, para que estos últimos les presten a los primeros, una mayor colaboración, por ejemplo sirviendo como testigos, a lo que ahora son renuentes tal y como ocurre en Estados Unidos que indudablemente está interesado en nuestra reforma policial.

