Para algunos ilusos las fuerzas materiales coercitivas son las que hacen posible el mantenimiento de los grupos minoritarios en el poder y la vigencia del actual ordenamiento social, pero no es así. El dominio ideológico es más fuerte y tiene más influencia para el control de la minoría nacional sobre el poder del Estado que los instrumentos de coerción. El veneno ideológico que sale de la pluma y las gargantas de los que venden bondades del sistema hace más daño a liberación del verdadero pueblo que aquellos que aprietan el gatillo para eliminar físicamente o intimidar a los que se manifiestan contrarios a seguir viviendo como hasta ahora bajo un estado de opresión social.
Es muy posible que el agente represivo que aprieta el gatillo o aplica la macana tenga menos conocimiento de lo que hace que el que se decide por escribir un libro, elaborar una consigna de campaña o manipular una encuesta para presentar como favorito a quien paga la realización del muestreo.
Aquellos que por encargo ponen a circular ideas que tienen por objetivo engañar al pueblo, están conscientes de lo que hacen y el papel que desempeñan como cuadros ideológicos de todo el ordenamiento que se levanta sobre el sistema que condena a la gran mayoría del pueblo a vivir en la más horripilante miseria. Una idea bien elaborada, dirigida a confundir a los que son los más en cada país, resulta más nociva que el lanzamiento de doscientos cañonazos sobre una multitud de hombres y mujeres que reclama la materialización de sus derechos y libertades.
Hablar de transparencia de la real y verdadera democracia, de eliminar el hambre, la miseria, el desempleo y la corrupción, de las bondades de la democracia representativa, de la conveniencia de la existencia del pluripartidismo como esencia de la democracia, de la igualdad de oportunidades bajo el sistema actual, parejos ante la justicia y la ley, de la limpieza de los procesos electorales administrados por jueces parcializados presentados como imparciales, hablar de soberanía nacional cuando la misma resulta burlada, hipotecada y puesta al servicio de intereses extranjeros, en fin, los que ponen su talento al servicio de la minoría nacional justifican el orden al que le sirven y venden como sano a los políticos podridos.
La influencia de los ideólogos es tan fuerte y penetrante que llevan a las masas populares a ver como normal las penurias que sufren y las convencen de que hagan suya la doctrina del fatalismo para mantenerlas condenadas a la impotencia, la indiferencia y la sumisión. La confusión vendida por los ideólogos diseñadores del sistema se extiende hasta llegar a justificar la existencia de la miseria, el analfabetismo, la insalubridad y la corrupción como un castigo enviado a los pueblos desde las alturas y tomarlas con la mayor tranquilidad porque, según ellos, supuestamente siempre han existido y existirán esos fenómenos sociales.
Los que se encargan de hacer creer al pueblo que como ha sufrido miseria está condenado a padecerla para siempre y que todos los sistemas son iguales porque, alegadamente, tienen idéntica la base social y económica que los genera, lo que es una vulgar falsedad ya que el hambre y la pobreza son lacras propias de ordenamientos sociales fundamentados en la explotación. Así, por ejemplo, las consignas de campaña electoral las colocan en boca de los politiqueros del sistema los ideólogos para engañar a los ciudadanos y ciudadanas que, motivados por el contenido de las palabras, se sienten impulsados a ir a las urnas a depositar sus votos por los que luego se burlarán de los que creían en las ideas falsas elaboradas y vendidas por los estrategas del bloque de la mentira compuesto por vendedores de falsas ilusiones.
Sería conveniente que lo mejor del país comprenda que cada vez que desde las alturas del poder ponen a circular una idea, la misma encierra un regalo ideológico envenenado, elaborado para que quede en la conciencia de los de abajo. Ni Injusticias Ni Privilegios; Borrón y Cuenta Nueva; Primero La Gente; Servir al Partido Para Servir al Pueblo; E Palante Que Vamos; El Nuevo Camino; Al servicio de La Gente; Año de La Vivienda; Acabar Con la Pobreza, y otras consignas más, no responden a su contenido porque el pueblo no las ha visto materializar en la práctica y porque son falsas. De la misma forma que un sistema social genera diferentes formas de cómo producir mercancías, también hace posible que surjan hombres y mujeres que ponen su capacidad, destreza, inteligencia y talento para que el orden vigente se mantenga. Su cerebro está para que de él broten ideas, conceptos, proyectos y propósitos que en el fondo encierran lo que los de arriba quieren que crean tranquilamente los de abajo.

