Ensueño musical: concierto “Desde Rusia con amor”

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Los privilegiados melómanos que tuvimos la oportunidad de asistir al concierto Desde Rusia con amor con la Orquesta del Teatro Mariinsky, dirigida por el maestro Valery Gergiev, vivimos la magia de un ensueño musical irrepetible.

El magno acontecimiento artístico tuvo como escenario la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional, con un numeroso público embelesado, que secundó las actuaciones de los solistas, tanto del canto como instrumentistas.

Se inicia con el Preludio a la Siesta de un Fauno, de Claude Debussy, inspirado en la poética de autores simbolistas franceses, como Stéphane Mallarmé.

Este afirmó que su poema La siesta de un fauno es fuertemente metafórica y esencialmente musical.

La orquesta se elevó hasta regiones en las que poesía y música se hermanaron en una conjunción extasiante.

La carga romántica del compositor ruso Sergei Rachmaninov alcanzó el máximo de su coloración emotiva, cuando el tenor Sergey Skorokhodov, acompañado por el pianista Daniil Trifonov, interpretó dos hermosas piezas del Romance del joven gitano, de la ópera Aleko.

Desde los años de la década del cincuenta en que escuché por primera vez en el tocadiscos de un amigo en su hogar el Concierto en Mi menor para violín y orquesta, de Mendelssohn, ha sonado en mis oídos decenas de veces.

Estas interpretaciones se han producido en grabaciones digitales, en escenarios del país, y en equipos de música, y puedo afirmar que la versión del violinista kristof Baráti del miércoles no desmerece siquiera mínimamente de las de los más consagrados solistas.

Varios de los asistentes cercanos a mi asiento fueron invadidos por tal carga de emotividad que la expresaban con movimientos involuntarios de sus cabezas y manos, casi todos con los ojos cerrados durante parte del recorrido melódico de la pieza. Pocas veces se ha producido en el Teatro Nacional una tanda de aplausos tan intensa y extensa como la que llevó al intérprete al añadido de un encoré.

En el breve intermedio pocas personas abandonaron sus asientos y un silencio admirativo generado por las obras interpretadas precedió a la Sinfonía número 1 en Re mayor, Opus 25, Clásica, de Sergei Profiev.

Esta obra, los musicólogos la definen como un decidido esfuerzo del autor por introducir en ella pasajes de composiciones del periodo clásico, especialmente de Haydn, con tonalidades impregnadas de humor.

En la historia de la música sinfónica las influencias entre los autores más destacados es algo reiterativo, hasta entre dos colosos como Mozart y Beethoven, algo notorio en el Concierto para piano número uno de este último.

En el prodigio de las manos diestras del pianista Daniil Trifonov se mantuvo durante su interpretación el espíritu creador del genio Beethoveniano, con características originales de gran belleza.

La suite del ballet El pájaro de fuego, de Stravinsky no logró con su incendio sonoro sacar del éxtasis casi místico a los asistentes al finalizar el espectáculo.

A las fundaciones Sinfonía y Amigos del Teatro Nacional, y a las Margaritas Copello y Miranda, al Ministro de Cultura Eduardo Selman, al director del Teatro Nacional Niní Caffaro, y a la señora Verónica Atkins, gracias por llevarnos a través de esta orquesta a vislumbrar un deslumbrante paraíso musical.