UBI RIVAS
Al ingresar el próximo año 2014 al segundo de su doble administración, el presidente Barack Obama confronta un dilema que pendula entre sus aspiraciones más sentidas para con su país y la aldea planetaria, y las realidades constantes y sonantes, como, como se alude en la jerga monetaria.
Disminuído por la mayoría republicana que controla la Cámara de Representantes (diputados), el presidente Obama no ha logrado concretizar sus grandes ofertas ciudadanas para los menos pudientes del Medicare, la Reforma Sanitaria y una apertura para superar el acceso legal a millones de indocumentados, que al final, aunque no superadas, serán referencias altas de su gran temario social y perjudicarán a la postre a los republicanos en la consulta electoral de 2016.
En esa amarga y recia porfía con los republicanos, el presidente Obama ha honrado la esclavina del Nobel de la Paz que le concedió en 2009 la Academia de Ciencia de Suecia, reconociendo “Sus esfuerzos extraordinarios para reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos, concediendo especial importancia a su visión y su trabajo por un mundo sin armas nucleares”, expresó la proclama que le endosó la presea.
Prometió en su primera campaña hacia el Capitolio de Washington liquidar los expedientes de las hogueras tanto en Iraq como en Afganistán que heredó de su predecesor, George Bush jr. con un calendario de retirar a los “muchachos” de las áridas y letales planicies de los dos países musulmanes y las enhiestas estribaciones del segundo, guaridas de Al Qaeda junto a Pakistán.
El presidente Obama dispuso liquidar el expediente tenebroso de Muammar Al Gadafi, usando solo operaciones aéreas quirúrgicas junto con Francia, sin una baja estadounidense, y pretendió la misma receta para con el sanguinario déspota sirio Bachar el Assad, y otra vez los republicanos le impidieron actuar, eximiéndose de usar la prerrogativa de Supremo Comandante en Jefe, que usó el presidente Richard Nixon minando el Golfo de Tonkín y la saturación de bombardeos a Hanoi y Camboya.
El presidente Obama no ha recibido colaboración del primer ministro israelí Benjamín Nethanyau para detener las construcciones de edificios en Cisjordania donde residen indebidamente más de medio millón de colonos en centenares de asentamientos, nudo gordiano que los palestinos liderados por Mahmud Abas esgrimen como condición previa para volver al diálogo, suspendido desde 2011.
El Secretario de Estado (Canciller), John Kerry, luce como la tolva de un camión concretero dando vueltas de Tel Aviv a Ramala, sin lograr que sobre todo la tozudez judía ceda, para avizorar una solución definitiva al conflicto israelí-palestino que se prolonga por 65 años, y que algún día tendrá que resolverse con la fundación formal del Estado Palestino, sin lo cual no habrá paz ni seguridad jamás en el Cercano Oriente.
El presidente Obama se a notó un aval enorme para sus paisanos cuando el 1 de mayo de 2011, un comando de élite de DEVGRU Y Navy Seals, elminó a Osma Bin Laden en un poblado de Pakistán, sin previo aviso a las autoridades de Islamabad, ocasionando una fricción frente a un país y gobiernos que han trabajado desde hace tiempo en una misma dirección, y Obama ha continuado su nuevo tipo de ofensiva con los Drones de la NSA, eliminando células claves de Al Qaeda en Afganistán, Iraq y Yemen, sin involucrar una sola baja norteamericana.
En su temario original é inflexible de reducir el arsenal nuclear planetario, el presidente Obama intenta acercar diálogo con el nuevo presidente de Irán, Hassan Tohani, encrespando las relaciones de por sí ariscas con el premier israelí Nethanyau, porque los israelíes creen que su causa en mundial y que es vinculante apoyarles en todas sus vertientes, inclusive rechazar la paz con sus medio hermanos palestinos, otro pretexto israelí para retornar al diálogo.
El escándalo de las escuchas constituye un revés en la política internacional de Obama y sus fricciones inconclusas con el presidente Nicolás Maduro.
