Opinión

Entre Chávez y Maduro

Entre Chávez y Maduro

Orlando Gómez Torres
orlando.gomez@gmail.com

Luego que Nicolás Maduro mostrara su inintencionado talento para la comedia, chavistas dentro y fuera de Venezuela buscan trazar diferencias entre las acciones del actual Presidente y el fenecido líder bolivariano, con el fin de proteger la imagen cada vez más deteriorada del experimento del Socialismo del Siglo XXI. El poco talento de Maduro para desviar la atención de los problemas de su nación, talento que sí tenía Chávez, no debiera crear confusión respecto de que el primero está siguiendo el proyecto de su mentor línea por línea, y que los resultados actuales son exactamente los esperados frente a medidas claramente absurdas.

El experimento socialista venezolano ya tiene unos 14 años y predeciblemente está cayendo por su propio peso. La economía venezolana se aproxima peligrosamente a la hiperinflación, la escasez de bienes se agudiza, la pobreza y el desempleo se incrementan y la delincuencia es rampante. Tampoco esto es novedad, pues se ha venido arrastrando desde cuando Chávez tenía las riendas, y cuando Venezuela estaba tan bien a como lo estuviera el precio internacional del petróleo. El problema, especialmente para Maduro, es que ahora es distinto.

Si bien Maduro ha copiado la paranoia conspiranoica de su predecesor con todos sus absurdos y exageraciones creados con el único propósito de desviar la atención, este cometió el error grave de mezclarlo con delirios místicos relacionados con el fenecido líder. Sus vaivenes entre la paranoia y lo místico ha mermado la credibilidad de su discurso, e incluso sobre su capacidad para gobernar. Chávez al menos tenía la delicadeza de respaldar sus fantasías con las estadísticas poco creíbles facilitadas por sus propios funcionarios, sin recurrir a pajaritos parlanchines o rostros en túneles como si Venezuela fuera parte del universo de Disney.

No obstante lo anterior, la fórmula de gobernar es la misma con: leyes habilitantes, restricciones de precios, limitaciones al cambio de divisas, la persecución de “especuladores”, intimidación a la oposición, masivos subsidios financiados con petrodólares, expropiaciones, abusos sobre la propiedad privada, etc., en fin, el mismo Socialismo del Siglo XXI que soñó Chávez, con sus subsecuentes desastres.

Es probable que las medidas anunciadas por Nicolás Maduro sean contraproducentes en mejorar la situación de la economía venezolana, y salvo que pruebe tener la misma suerte de Chávez, y que a la mayor brevedad se produzca un aumento importante en el precio internacional del petróleo que le permita financiar rondas adicionales de subsidios o impulsar dramáticamente su “Ministerio de la Suprema Felicidad”, su popularidad va a seguir menguando.

Estos son momentos políticos emocionantes en Venezuela. Mientras el proyecto del Socialismo del Siglo XXI sigue auto-canibalizándose hasta su lenta pero segura destrucción y todos se dedican a buscar culpables, hoy solo puedo lamentar dos cosas: que Chávez no está vivo para verlo, y que sus seguidores nunca van a aceptar que la Venezuela de hoy en día, con todos sus problemas y dificultades, es de la responsabilidad exclusiva del venerado líder hoy fallecido.

El Nacional

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