Luis Dias sigue vivo
Fue una semana de muchas actividades de la que hay mucho que contar. Estaría muy bien se hablara de la Marthamanía, de los agasajos navideños, de la pelota o de cualquier tema de la temporada, pero prefiero hablar de Luis Días, no porque murió, sino porque sigue vivo.
Entre tantas fiestas el velatorio de Luis parecía una fiesta más. Es cierto que había lágrimas, pero más que lágrimas había poesía, canto, música y gente muy consciente de que el talento de Luis no sería enterrado con su cuerpo. El talento seguirá presente en las voces de Sonia, Sergio, Dionis, Fernandito y todos los artistas que cantan sus letras y sus ideas y nos ponen a bailar en la calle de noche y de día. Nos quedó mucho de Luis para sentir que él murió. Fue el primer atrevido que hizo que aquí la bachata saliera del limitado escenario donde estaba escondida. Puso a Sonia a cantar el Guachimán y provocó que la historia de la bachata fuera otra. También fue un atrevido con el rock dominicano y con muchos otros ritmos. Su muerte le sacó inspiración a muchos artistas y a otros que no son conocidos como artistas y convirtió su velatorio en un escenario para oír lo escrito por él y lo escrito para él. A su velatorio muchos llegaban con su instrumento musical para cantarle y tocarle. Duluc con su guitarra, los paleros con sus atabales y los cantantes con su voz. Fue un velatorio andante que por un rato estuvo en la UASD, por otro en Casa de Teatro, por casi un día en Bonao su pueblo natal y pasó por muchos otros escenarios. El último la casa donde vivió los últimos días y el colmadón en el que se siempre se le podía encontrar. Fue un velatorio fuera de serie. Roldán Mármol lo asumió como suyo y fueron muchos los artistas que se integraron de manera espontánea. Es un velatorio que creará precedente y así deben enterrarse todos los que vivirán para siempre. Nada de ropa negra, nada de cara dura. Si es triste su muerte, esa tristeza no debe empañar la alegría que provoca saber que solo se enterró su cuerpo.

