Hicimos el Camino a Santiago de Compostela saliendo desde París. En el trayecto nos encontramos con peregrinos que como en la antigüedad, caminaban cientos de kilómetros ayudados de su bastón. Ligeros de equipaje hacían el trayecto saliendo desde diferentes puntos de Europa.
Nos sorprendió tanta diversidad. Gente de diferentes edades y hasta con limitaciones físicas seguían las señalizaciones según la ruta escogida. Hacer más de 100 kilómetros los hace merecedores del Certificado de Compostela que expiden las autoridades de la iglesia.
Aunque nuestro recorrido fue de unos 1,600 kilómetros, nosotros no fuimos merecedores del certificado y es que nuestro recorrido fue muy a nuestra manera. Siguiendo nuestra propia ruta y haciendo paradas largas y muy entretenidas. Nuestra primera parada fue a visitar una amiga en la ciudad francesa Angers, el segundo día dormimos en San Sebastían. Luego nos detuvimos en Bilbao, Santander y A Coruña
Por lo general los peregrinos se toman aproximadamente una semana haciendo este recorrido. Nosotros también. Cuando llegamos nos sorprendimos. Es la primera vez que vemos una iglesia europea tan llena de gente y es que en la generalidad de los casos las iglesias del viejo mundo tienen pocos feligreses. Los que la visitan por lo general son turistas interesados en ver su arquitectura, su historia, sus vitrales, azulejos y su estilo gótico, románico o renacentista.
En Santiago fue diferente. Puede que muchos hicieran el trayecto por disfrutar de una aventura, pero la gran mayoría se mostraba con fe como la de los primeros peregrinos que desde la edad media comenzaron su peregrinar como modo de indulgencia que les permitía, según sus creencias, reducir el tiempo en el pulgatorio.

