¿Qué Pasa?

ENTRE CIELO Y TIERRA

ENTRE CIELO Y TIERRA

Las playas de RD

Los parisinos no tienen playas y nosotros que las tenemos la limitamos para que solo la disfruten plenamente  los que pueden pagar las tarifas de los hoteles. Los de la capital belga y de muchas grandes capitales del mundo tampoco tienen playas y tienen que recorrer cientos de kilómetros para poder disfrutar de ellas, pero nosotros que si las tenemos a pocos kilómetros, en poco tiempo solo podremos recordarlas. Si las cosas siguen como van lo de ir los domingos a Boca Chica, a Juan Dolio o a cualquier playa próxima será una historia patria para contar a los nietos. Contaremos que fuimos tan complacientes y hospitalarios que le dejamos las playas a los extranjeros y a los ricos.

Los brazileños son tan afortunados como nosotros, con la diferencia de que las mismas playas que disfrutan los turistas que pagan caros hoteles, son las mismas que disfrutan los que apenas tienen para costearse el pasaje y eso es precisamente lo que hace tan atractivas las playas de este país y de muchos otros. La posibilidad que tienen los extranjeros de disfrutar la idiosincrasia de los brasileños y la belleza de su gente con todas sus costumbres.  En San Juan, en Barcelona, en Ibiza y en muchos otros destinos playeros del mundo, lo que hace el gobierno es hacer cumplir normas para que la gente asuma buenas costumbres en las playas. Aquí resulta más cómoda levantar las manos y hasta levantar las manos de otros. La policía turística muy bien puede encargarse de normar para que todos podamos disfrutar de las mismas playas sin tener que pedirle permiso a un extranjero dueño de un hotel para que nos deje pasar a bañarnos.  El turista en la mayoría de los casos no anda buscando exclusividades, a menos que no queramos vendernos como un paraíso para los que quieren disfrutar de playas sin dominicanos. Que nadie me explique que no voy a entender. No es posible que tenga que irme a Long Island en Estados Unidos, a Europa o a cualquier otra parte del mundo donde las playas son menos bonitas que las mías.

El Nacional

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