Paris, Francia. Lo bueno de volver es que caminas sin prisa y puedes disfrutar de los detalles sin ese afán de conocer que se siente cuando vienes por primera vez. Puedes disfrutar sin la típica agenda de los guías turísticos que siempre incluyen la Torre Eiffel, los Campos Elíseos, Notre Dame, el Louvre y otros lugares obligatorios para poder decir que conoces la ciudad del amor.
Volver otra vez es la oportunidad idónea de disfrutar de los detalles, de ver Montmartre desde diferentes ángulos y poder detenernos a disfrutar del ambiente que se vive allí y en cada uno de los alrededores de sus conocidos monumentos. Volver es la oportunidad de disfrutar de caminatas en las que con tan solo mirar la gente te sientes en un espectáculo. Es sentir que la calle es una pasarela en la que disfrutas de la indumentaria de todas las culturas que convergen. Ver la gran presencia africana en Europa con sus elegantes vestidos, los de ascendencia árabe con sus túnicas y los franceses con una diversidad en el vestir que va desde los súper elegantes hasta los más relajados.
Hay tantas cosas buenas e irrepetibles en volver. Es la oportunidad de visitar lugares muy interesantes que no se incluyen en la tradicional agenda recomendada para turistas. Es poder ver las afueras de Paris y confirmar que Francia es mucho más que su Capital. Ayer visitamos el Parque Floral de Paris y de camino pasamos por el Castillo de Vincennes, también pasamos por el mercado africano de Château Rouge y tenemos proyectado visitar muchos otros lugares de nuestro interés cultural.
Contar de todos los pasos de la cena a la francesa con los nuevos amigos. Es cambiar muchas veces de plato. Comenzar a las 8:00 con un aperitivo y concluir a media noche con el te o el café, no sin antes tener entrada, plato fuerte, quesos y ricos postres. Volver es poder decir sí a la fiesta de cumpleaños de una amiga de origen senegalesa en el que igual compartes con franceses como con gente de muchos otros países.

