Mary Leisy Hernandez
Marilei@hotmail.com
Mezquitas de Túnez
Túnez. Tunísia. Con los pies descalzos y un velo en el pelo intenté entrar a una de las mezquitas de Tunisia. Mi piel latina estaba a mi favor, podía pasar fácilmente por una mujer árabe y entrar sin llamar la atención a uno de estos lugares sagrados reservados únicamente para los musulmanes. Como apasionada de conocer otras culturas me arriesgué. Quería ver lo que pasa en estos cultos islamitas, ver en vivo lo que solo había visto en imágenes. Parecía que lograría mi objetivo pero fallé en el intento. Olvidé que los hombres y las mujeres no ocupan el mismo lugar en los templos musulmanes, que una gran barrera los divide, también fallé cuando al impresionarme con aquellas alfombras, con los trajes de los caballeros y esa manera tan particular en que oran, me dejé caer el velo al hombro y puse mi pelo al descubierto. Por suerte salí viva del intento.
All salir caminamos por las estrechas calles de La Medina, lugar declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde el 79. Nos detuvimos en una mezquita donde estaba permitido entrar solo al patio y desde ahí nos indicaron como subir a uno de los balcones desde donde se podían ver las cúpulas de todas las mezquitas y tener una vista impresionante de gran parte de esta capital africana. Era nuestra primera vez en un país árabe y nos parecía estar en un ambiente mágico. Es una gran experiencia caminar por los mercados llenos de gente y ambiente. Las alfombras, los perfumes, las cerámicas y toda la artesanía típica de Tunisia nos llamaba la atención. Pena que el tiempo invertido en el regateo no nos permitiera aprovechar mucho de las compras. Regatear en los zocos es parte importante de la cultura. Buscamos de comer y estando en el país del couscous no podíamos pedir otra cosa. Disfrutamos de un rico plato de couscous de pescados en el mismo centro del mercado y luego seguimos caminando, deteniendonos e impresionándonos a cada paso con la arquitectura, el ambiente, la vestimenta de la gente y todo el olor y el color de ese lugar del magred que siempre habíamos querido conocer.
