Mary Leisy Hernandez
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Milano a la carrera
Milano, Italia. Fue un paseo en 90 minutos por la capital económica e industrial de Italia en una escala rumbo a un crucero por El Mediterráneo. En principio no era tanto el entusiasmo por conocer esta ciudad, su fama como centro financiero nos hacía pensar en un lugar lleno de rascacielos y de ambiente comercial, pero cuando llegamos a su centro nos dimos cuenta que también tiene grandes encantos para quienes aman el arte, la historia y la cultura. Comenzamos nuestro recorrido en la Plaza del Duomo y quedamos impresionados con la vida de la plaza y con lo impresionante de su catedral, con el esmero en el uso del famoso mármol italiano en esta, la más grande catedral gótica del mundo.
De la plaza del Duomo entramos a la Galería Victor Enmanuel II, considerada como el gran salón de Milano por el dinamismo que se vive allí. Nos impresionaron los frescos, los techos, los pisos y todo el arte de la arquitectura de este centro comercial. También las vistas de la ciudad que se pueden apreciar desde sus cuatro arcos. Pena que desde uno de ellos lo que más se destaca es una tienda Mac Donald. Por el resto impresionante.
Salimos por la Plaza de la Scala y desde ahí caminamos hacia el Palacio Real y otros atractivos lugares de su centro. Hasta ese momento todo iba en calma hasta que vimos el reloj y nos dimos cuenta que debíamos acelerar si queríamos aprovechar lo máximo en la hora y media disponible para conocer un poco de esta ciudad del norte de Italia.
Aceleramos el paso hasta la Plaza Cordusio y caminamos toda la Vía Dante, donde al caminar se pueden apreciar las vitrinas de las tiendas y el fuerte de los italianos en la moda. Crean maravillas. A lo lejos todo recto alcanzamos a ver las fuentes del impresionante Castillo Sforzcesco, pero detenerse ya era imposible, nos quedaba ya muy poco tiempo para tomar el tren hacia Savona y poder tomar nuestro crucero.
Los últimos minutos en Milano fueron de estres total. Cuando llegamos a tomar el metro el último acababa de salir y tuvimos que esperar buen rato, luego en el hotel la puerta de nuestra habitación no podía abrir y cuando por fin llegamos a la estación entre tanto estres se nos hacía difícil localizar nuestra salida. Unos minutos más y no logramos tomar el tren. Hoy lo recordamos entre risas.
