¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

 

Mi amigo Juan

 

Ayer estuvimos por Jarabacoa y como siempre fuí a visitar a mi amigo Juan. Como casi siempre, descolchó vino, me llenó de música y me transportó a mi adolescencia y a aquellos años de gran dinamismo cultural en nuestro pueblo de Cotuí.

Juan no es un amigo cualquiera, Juan es un gran artista, es un digno representante del arte cotuisano y de la pintura dominicana. Tampoco es un artista cualquiera, es un artista que hace maravillosas locuras, que pinta en la calle al ritmo de la música, que a veces prefiere llenar su paleta de blanco y negro para manifestar con más fuerza el dolor y otras situaciones que defiende. Es un pintor que ama todas las manifestaciones del arte, que se atreve a cantar y a demostrar que es mucho más que un pintor.

 

Ayer visitamos a Juan Bravo en su nuevo espacio y visitar a Juan es escontrarse con otros artistas y con amantes del arte. Allí nos encontramos con el colega Ricardo Rojas León y compartimos con el también pintor Eduardo Rodríguez, con quien actualmente Juan trabaja para el proyecto “Por amor al arte”. Como siempre con Juan, el proyecto mezcla en un espacio varias manifestaciones del arte. Para muestra, un piano, las paredes llenas de pinturas de buenos artistas y una pantalla gigante proyectando buena música y otras manifestaciones.

 

La idea de la nueva galeria es que sea un espacio abierto al que la gente pueda integrarse con un aporte mensual que le permitirá adquirir periódicamente obras de arte. Me pareció muy buena idea y junto a mi marido me hice miembro honorífica al adquirir un cuadro.

 

Pasaron muchas cosas en el poco tiempo que estuvimos en “Por amor al arte”. Yo con la música de fondo escuchaba a Juan mientras nos mostrada sus recientes creaciones y su proyecto de llenar paredes de la calle con la figura femenina y con la idea del respeto a la mujer. Nos contaba del último mural que pintó y yo mientras hablaba me escapaba con la música a Cotuí y a aquellos tiempos que con 14, 15 o 16 años, tuve el privilegio de escuchar cada día esas mismas canciones, gracias a que tenía como vecinos a Juan Bravo y a los chicos del Movimiento Cultural la Zafra.

 

 

 

 

 

El Nacional

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